Otras formas de violencia

Javier Stanziola_ Perfil Casi literalMiles de hondureños caminan. Han empacado toda su vida en una mochila, se han ajustado la gorra en el cabello mojado y han fijado la mirada hacia Estados Unidos. Dejan atrás a sus padres y arrastran sus sábanas. No sé cómo empezó el éxodo, no sé quiénes son. Y menos entiendo qué buscan en suelo imperialista. Soy panameño y Centroamérica es borrosa.

La voz beata del periodista local está ocupada explicándome qué bello es el Canal de Panamá, qué bella está siendo la fiesta democrática que estamos viviendo y qué bella será la visita del Papa a suelo panameño en enero. No hay tiempo en el noticiario para entender a caminantes de algún lugar de Centroamérica que muy pocos aquí sabríamos encontrar en el mapa.

Recurro entonces a la voz colonialista de la periodista inglesa que sale del player. En ese tono neutro que tanto me reconforta escucho que el andar de los caminantes ha sido detenido en Guatemala por la ley y los rectores del orden social. Miles de guatemaltecos se han unido a los voluntarios de la Cruz Roja para apoyar a estos guerreros migratorios que ondean banderas y anuncian que «sí se puede», me cuenta la inglesa.

A pesar de su tono neutro, la periodista no menciona el supuesto fraude que llevó al actual presidente de Honduras al poder político, ni los altos niveles de violencia que se sufren en decenas de ciudades y pueblos hondureños, ni la alta concentración de capital e ingresos en manos privadas. Hace solo un mes, para explicar el éxodo de casi dos millones de venezolanos en los últimos 13 años, la misma periodista se acordó de mencionar el supuesto fraude que llevó al poder al actual presidente de Venezuela, los altos niveles de violencia y la alta concentración de capital e ingresos en manos del sector público.

En el caso de Venezuela parece que sí es importante recordar cómo el monopolio del poder destruye vidas, pero cuando hablamos de Honduras, estos migrantes parecen personajes de una novela de Coelho donde, cantando el himno nacional con el corazón henchido, toman la valiente decisión de controlar sus destinos. Nos quieren convencer de que ellos y los otros 258 millones migrantes a nivel mundial están motivados por la promesa de que algo sucederá y que la única manera de que ocurra es que ellos encuentren su verdadero yo en otra parte.

Las historias de liberación individual funcionan para bajar de peso y quizá para conseguir la nota deseada en ese temido examen de física. Usando estas narrativas tan seductoras e inspiradoras para explicar las complejas dinámicas migratorias imponemos otras formas de violencia en personas que ya están atrapadas por los engranajes de las máquinas productoras de márgenes de ganancia. Estas historias de guerreros y lucha individual nos absuelven, nos desconectan de las causas reales de lo que vemos en nuestras pantallas. Sin entender realmente lo que impulsa a un humano a abandonar su casa, estos cuentos violentos nos dejan seguir con nuestra rutina para seguir produciendo y consumiendo.

¿Quién es Javier Stanziola?

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