El paradigma de Harry Potter

Alejandro García_ Perfil Casi literalHogwarts, Voldemort, el niño de pelo rojo o Harry Potter: cualquiera de los anteriores puede resultar familiar a la mayoría de las personas, incluido el nombre de J. K. Rowling, la escritora de Harry Potter. Y es que aun quienes vociferan con desdén en contra de la escritora inglesa y su obra no pueden dejar de reconocer que es la creadora de uno de los fenómenos literarios más importantes de las últimas décadas.

Los puristas de la literatura sin duda argumentarán que su obra no posee las cualidades de algún ganador del premio Nobel o de autores clásicos como Hardy, Woolf o Morrison, y quizás sea cierto, aunque también debemos reconocer que su escritura está lejos de ser mala; y si a esto le sumamos el «pecado del éxito», es natural que se alcen voces atribuyendo sus logros solo al aparato de la mercadotecnia. El punto que no debemos perder de vista es la valía inconmensurable de poner a leer a toda una generación, una tarea que no es fácil.

Utilizar la fama para restar mérito resulta un argumento obsoleto. Si bien es cierto que no todo lo que brilla es oro, el éxito de Rowling no resulta nuevo. Charles Dickens es considerado una de las primeras celebridades ya que las personas se abarrotaban en las afueras de los hoteles para verlo y aguardaban las entregas de sus novelas al igual que la gente esperaba con ansias los folletines de Alexandre Dumas o Victor Hugo. Y si bien es cierto que no todos los títulos acarrean la misma locura social, una obra como Romeo y Julieta es capaz de trascender la literatura y mezclarse con cuanta forma de arte sea posible.

Por otro lado, el género fantástico posee sus propios méritos, ya sea que hablemos de El Señor de los anillos, El mago de Oz o de los libros de Ursula K. Le Guin (que poseen una influencia innegable sobre los de Rowling). Referirnos a obras de este género como «menores» y no como literatura nos aleja de la brillantez con que son escritas y, peor aún: alejan a los lectores.

La acción de leer como lo he mencionado en otros artículos no debe ser considerada una carga o un acto solemne, al contrario: debe ser un placer. Encontrar diversión, incredulidad, temor o cualquier otro tipo de emoción en nuestras lecturas nos abre las puertas a distintos géneros y como consecuencia natural nuestro «paladar literario» se irá depurando. Este es precisamente uno de los grandes logros de J. K. Rowling junto a la popularización del género fantástico: mostrarle a toda una generación de nuevos —y viejos— que la lectura puede ser divertida y, por supuesto, estar bien escrita.

A menudo olvidamos que leer también debe resultarnos gratificante y como resultado la aproximación que tenemos con los libros suele ser equivocada. Leer autores clásicos como Joseph Conrad, William Shakespeare, Homero, Sylvia Plath, Gabriel García Márquez, Chinua Achebe, Flannery O’Connor o Clarice Lispector simplemente porque son laureados y no porque sentimos algún disfrute es como leer por obligación. Esto, como dijo Borges, le hace daño al lector, al autor y, sobre todo, al mismo libro, convirtiéndose en una de las razones por las que muchas personas se alejan de la lectura, pues a través de métodos educativos erróneos les inculcan que los libros simplemente son una forma aburrida de captar ideas.

Si entendemos que tomar un libro por placer significa dejar atrás la idea de que leer es un bodrio, podremos mejorar los sistemas educativos y, por lo tanto, incentivar el pensamiento crítico y la imaginación de las personas a través de la diversificación de la lectura, ya sea con misterio, ciencia ficción, terror, fantasía, poesía u otros géneros. Después de todo, cuando leemos recreamos en nuestra imaginación un escenario, plasmamos una idea, y eso en sí mismo es mágico.

¿Quién es Alejandro García?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. No hay escritor sin lector… Y por eso muchas veces quienes no han llegado a ser escritores desprecian el éxito de los escritores “famosos”. Y muchos de los que citan a los “ilustres” (para contraponerlos a los más vendidos), apenas han los han leído…
    Harry Potter despertó la pasión por la lectura en mi hija cuando era una niña que apenas podía sostener entre sus manos un “libro grande”, como ella llamaba a mis libros de novelas. A partir de Rowling, se atrevió a inspeccionar mi biblioteca, eligiendo sus lecturas como si probara distintos caramelos. Leer por placer es la única forma de leer.

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