El show debe continuar

Rubí Véliz Catalán_ Perfil Casi literal«Vive deprisa, muérete joven y así tendrás un cadáver bien parecido».

          Truman Capote

Desde que se estrenó en Guatemala la película Bohemian Rhapsody: la vida de Freddie Mercury, la banda de rock Queen revivió en los dispositivos portátiles de muchos. Para algunos, es decir, para los fanes melancólicos y de playeras desteñidas, la película prometía y debía cumplir con revivir a Freddie Mercury cual una figura mesiánica. Vaya reto para la Twentieth Century Fox, que nunca fue más independiente y auténtica. Esta exigencia es normal cuando la nostalgia siembra semillas de recelo en los tiempos modernos porque, seamos honestos, la compramos porque la necesitamos para bajarnos el mal trago de vivir en la época que nos tocó. Para otros, como en mi caso, la película no fue más que el descubrimiento de un grupo que hizo mucho alboroto décadas antes de que yo naciera y que, al descubrir el rock and roll, tampoco me interesé por apreciar.

Lo cierto es que el estreno de la película biográfica de Freddie Mercury desató pasiones cruzadas entre los espectadores: por un lado los detractores del formato prefabricado del cine comercial sentencian a la película como pusilánime, barata y la frase «se queda corta» es el estribillo de un buen grupo de —digamos— conocedores. Hubo también a quienes la película satisfizo no más allá de las dos horas y minutos de su duración. Quizá lo interesante del lanzamiento de un producto de cine es evaluar al público receptor. No, no hablo desde la torre de la crítica de cine. Tampoco citaré a Woody Allen, Goerge Steiner, Adrien Lyne o Stanley Kubrick para enfilarme entre las opiniones de versados en el tema. Quiero decir que antes de arrojar tomates a una película hija de este tiempo, hay que prender el foco en el túnel del juicio sin criterio. Claro, entiendo a los fanáticos que esperaban —como ellos dicen— «algo mejor».

Por un lado hay que tener claro que la película —y su título lo indica así— es Bohemian Rhapsody, la historia de Freddie Mercury. No hace falta explicar que el foco temático es el recorrido biográfico del vocalista; no más y tampoco menos. El asunto es, de entrada, unidimensional. No había razón para presenciar una documental biográfica sobre la banda (porque ya hay suficientes); lo de esperarse era una resucitación figurativa de la pantalla grande. Podemos partir de ahí para quitar un punto a los que tamborileaban los dedos esperando más contenido musical que el abordaje de la vida de un personaje que, como lo rezara Truman Capote, vivió deprisa y murió joven y en su propia ley, tal y como se vio. Para este caso aplica lo que dijo Antonin Artaud respecto al espectador de cine y sus vicios: «El cine —que no necesita de un lenguaje, de ninguna convención para ponernos en contacto con los objetos— no reemplaza, sin embargo, a la vida: se trata de pedazos de objetos, de girones de realidad, de puzles inacabados, de cosas que el cine une entre sí para siempre».

Pero no me malentiendan. También he sufrido decepciones cuando, por ejemplo, se estrena —en pantalla chica— a la nueva actriz que revive a María Callas. He sufrido tortazos porque nada me satisface; todas las actrices me han parecido simplonas y me motivan empacar mi nostalgia e idolatría heridas con el fin de no volver, pero como dice Artaud: el cine no reemplaza a la vida: la idea del cine es representativa, nunca recreativa de la realidad. Eso debería bastarnos a ustedes y a mí para dejar las pataletas. En mi opinión, la actuación de Rami Malek es digerible para entender el sentido titular de una película biográfica. Para conocer detalles de la banda hay un sinnúmero de recursos; una película de poco más de dos horas no puede con todo y tampoco debe abarcarlo todo, según Artaud.

En cuanto a lo comercial, claro, hay buenas faltas donde la película le toma un poco el pelo al espectador. Las tres arias de ópera donde Freddie se nos presenta como todo un devoto operófilo son las misma tres que cualquier película —comercial o no— muestra al hablar de la ópera, porque todo el mundo las conoce: Un bel di vendremo de Madame Butterfly de Puccini, Habanera de Carmen de Bizet y Song to the moon de Rusalka de Dvořák. Punto a favor de los indignados, dado que más allá del álbum A nigth at the opera, Queen experimentó con otros sonidos y la ópera solo estuvo de paso por este material, salvo por los duetos esporádicos de Mercury con la soprano española Montserrat Caballé.

Rescato que la película no ahondara hasta la saciedad la homosexualidad de Freddie Mercury, así como tampoco el asunto del sida y el deterioro físico que la enfermedad pudo causar en él. Rescato también el final en el concierto Live Aid en Wembley, Inglaterra, porque un final melodramático era innecesario en una película conmovedora en su medida justa. Y no: conmoverse no es comercial.

Bohemian Rhapsody funciona aunque se diga que no. Si los argumentos para negarla son: «se queda corta, es comercial, ahora todos escuchan a Queen porque hay película, etcétera», hay que repensar esos veredictos. Es decir, de aplicarse a todo el arte de consumo, no podríamos leer Don Quijote de la Mancha porque no nacimos en el tiempo de Miguel de Cervantes o seríamos incapaces de valorar cualquier obra de arte porque no fue producida en nuestra época. Sí, así de dañino y reduccionista. Pienso que si hay tanta detracción contra los géneros musicales modernos tan híbridos y criticados, una película que favorezca el redescubrimiento de una banda legendaria como Queen ayuda en mucho.

*

Debo agregar, para cerrar, que estuve en (Casi) literal cuatro años hasta hoy. Un par de veces escribí artículos donde hablé de distintos géneros musicales. Es con toda esa música de fondo como quiero despedirme de este espacio que me dio tanto; donde nunca dejé de aprender y donde conocí personas inigualables.

No me voy a otro espacio ni me voy dando portazos: me voy repartiendo gratitud y abrazos. (Casi) literal y yo seguiremos creciendo por separado. Talvez volvamos a unirnos; talvez no, quién sabe. Mientras tanto, me retiro con algo que le aprendí a Queen y a Freddie Mercury en estos días: el show debe continuar.

Gracias, (Casi) literal, por tanto.

¿Quién es Rubí Véliz Catalán?

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