Eurosplanning (o cuando los europeos me explican cosas)

Corina Rueda Borrero_ Perfil Casi literalDel famoso mansplanning (men explain things to me, o «los hombres me explican cosas»), nos llega el eurosplanning (europeans explain things to me, o los europeos me explican cosas»). Y no cualquier cosa: explican América Latina y sus realidades —lugar en el que, además, probablemente nunca han estado— precisamente a personas como yo, una mujer mestiza latinoamericana que ha vivido casi toda su vida en esa hermosa tierra donde se entremezclan las raíces, el exilio y el dolor colonizador. Y es que por más que a veces pensemos que ya amaneció tras la larga noche de 500 años, hay quienes sutilmente nos quieren clavar su sabiduría solidaria, explicándonos cómo ver y vivir nuestro mundo.

El título de este artículo surgió como surgen la mayoría de las grandes ideas del mundo: en una mesa tomando unas copas. Y es que luego de un taller de comunicación feminista en Madrid y conversando un poco con otras compañeras sobre nuestras vidas, empecé a contar acerca de algunas catástrofes que me habían ocurrido con españoles que buscaban educarme sobre estudios latinoamericanos. Básicamente, una chica llamada Nora (créditos y aplausos para ella) me dijo «Joder, tía, pero que te hicieron eurosplanning», y es que después de pensarlo dos segundos me di cuenta de que el término era más que acertado. Esos europeos intentaban explicarme cómo funcionaban las cosas en el lugar de donde vengo. Entiendo que otras personas que no sean panameñas y latinoamericanas puedan tener una opinión sobre lo que pasa en nuestro continente, pero de ahí a que te expliquen lo que tú mismo vives es petulante y colonizador.

Una vez me topé con un hombre que por cada cosa que le contaba sobre mi realidad solo sabía responderme con una sonrisa burlona y aires de grandeza. A cada cosa que hablábamos sobre Latinoamérica, me decía «Eso lo he leído en Las venas abiertas de América Latina», y yo pensé «Qué bien por ti que te leíste un libro». Cuando no estaba de acuerdo con algo que yo decía, respondía con un discurso encuadrado a favor de lo que sea que haga un gobierno que se autodenomine de izquierda y sin mediar la autocrítica, porque obvio, ¿quién mejor que él para educarme sobre lo que pasaba del otro lado del Atlántico? Este personaje era particular porque no solo respondía todo con autoridad sabionda, sino que al mismo tiempo quería hacerme ver que era un hombre blanco consciente de sus privilegios y que vivía con remordimiento por todo lo que sus ancestros españoles pudieron haberle hecho a los míos. Así que con sus respuestas no solo recibía un tutorial de cómo evaluar de forma correcta la política latinoamericana, sino también el arrepentimiento de generaciones de genocidas.

Por otra parte, me topé con una mujer que está en mi top10 de los seres que jamás en la vida me quisiera topar nuevamente, y es que no solo interrumpió la presentación de un libro para explicarnos a dos latinoamericanas sobre el gran problema que hay en nuestros países respecto al embarazo adolescente y cómo en comunidades indígenas este fenómeno va en aumento, sino que, cuando traté de explicarle que nosotras lo sabíamos de primera mano y que habíamos trabajado el tema, solo me respondió «Entonces me estás dando la razón a lo que digo», y siguió como si nada pontificando sobre este tema del que ella se juraba como experta y haciendo comentarios despectivos sobre la medicina tradicional que usan los grupos originarios. Traté de interrumpir en varias ocasiones su disertación diciendo que no le daba la razón, que nosotras éramos de Latinoamérica y, por lo tanto, sabíamos a qué se refería, y que era bastante colonizador ignorar la sabiduría ancestral de un pueblo por pensar que las drogas que nos da Bayer son mejores; pero fue prácticamente imposible entrar en razones con ella porque simplemente se sentía con su derecho de mujer blanca europea de aleccionar a dos latinas con su sapiencia, por más que nosotras fuéramos las expositoras y ella la asistente a la exposición.

Como feminista declarada que soy, sé que es imposible luchar por la emancipación de las mujeres cuando cada mujer es diferente, con problemáticas diferentes; por eso hay pluralidad de los feminismos, pues al final se debe deconstruir un mundo colonizador donde una hegemonía pretende seguir estableciendo nuestra forma de evaluarnos y vernos desde sus ojos.

La pluralidad y la heterogeneidad de nuestras realidades jamás deben verse aplacadas o devaluadas por alguien que cree saber sin haber vivido, sin haber estado o sufrido. Los problemas son pragmáticos, por lo tanto, es importante que quienes se encuentran en posición de privilegio se evalúen sobre lo que creen saber sobre nosotros, la América mestiza. Somos más que un mito cubierto de playas tropicales y montañas nevadas: también somos nuestra propia voz y no necesitamos que nos expliquen nuestra realidad con palabras rimbombantes.

¿Quién es Corina Rueda Borrero?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Leonardo dice:

    Mi bella mestiza, si sabré yo de lo que hablas, viví casi un año en Alemania en 1990 y te se decir que no solo comprendo perfectamente tu sentir y como mestizo o mal llamado ladino duele ver que casi 30 años después el europeo común siga creyéndose dueño y señor del universo, opinando y tratando de imponer su política económica o sus teorías de todologia latinoamericana.

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