El universo Cortázar

Trato de buscar en el palimpsesto de mi memoria cuál fue el primer cuento que leí de Julio Cortázar. A pesar de que tomé una taza de café extremadamente cargado y me estoy comiendo tres champurradas para ver si la reminiscencia me devuelve algo, como lo hizo con Proust. Pero no.

Veo conejos esparcidos, miles de autos estacionados, un pedazo de tierra desde un avión, una botella lanzada al mar, una flor amarilla, la babas del diablo chorreando en un muro… Veo mucho y al mismo tiempo no veo claramente.

Bucear en los recuerdos de las lecturas es maravilloso porque a veces todo se empieza a mezclar como cuando preparás un fiambre   ̶que en mi país es un plato que se sirve frío el Día de los Muertos y tiene una combinación de carnes y vegetales ̶  en el que cada componente posee fragmentos de relatos.

No puedo escribir si recuerdo cada relato de Cortázar de manera separada o todos en uno solo. Recuerdo que alguna vez Julio escribió que un autor escribe solamente un libro, pero que por caprichos lo divide en varios. Yo creo que los lectores a veces recordamos un solo libro, en el que están dispersos el universo de cuentos. Quizá de cada uno recordamos una frase que nos martilla la cabeza como clavándonos un recuerdo para fijarlo en nuestra capa cerebral.

Lo que sí recuerdo es que comencé a leer al maestro cuando yo era un jugador de tenis de mesa y golpeaba esa pelotita unas seis horas diarias. Por las noches extraía del colchón alguno de los libros: alguna vez era Octaedro, La noche boca arriba, Continuidad en los parques. Lo cierto es que en el piso descansaban todo el día hasta que yo volvía sudado y cansado para tomar uno de ellos y lanzarme hacia el cortazariano mundo.

Era fabulosa la experiencia, pues en todo el día soñaba con llegar a ser campeón del mundo del deporte en el que podés golpear dos veces la pelota en menos de un segundo; mientras que por las noches presentía que algún día podría escribir como ese maestro argentino. Ocurre que siempre he leído como lector-escritor, pues además de disfrutar una lectura, también la siento como un combustible que alimente mi imaginación.

Tras terminar los libros de relatos, me lancé hacia las novelas y comencé por la tan sonada Rayuela, que me llevó a profundizar en el mundo de jazz y en el deseo de vivir en París y conocer a la Maga. Durante muchos años no pude viajar a París y en cada muchachita que conocía encontraba un intersticio de la Maga.

Por eso creo que si me realizaran una prueba de ADN seguramente encontrarán algo de Cortázar: varias de sus frases que se quedaron circulando por mis venas, y quizá más de alguno de sus personajes, dejó una uña o un cabello para entonces develar alguna escena del crimen en mis huellas digitales.

Un autor de ese tamaño no puede pasar por tus ojos, por tu mente y por tu corazón sin dejar algún rastro. Y con el tiempo te vas despojando de su fantasma, para dejarlo que siga tocando otras almas. Celebrémoslo leyendo toda su literatura.

¿Quién es Francisco Alejandro Méndez?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Nos parece que no hay quien no haya leído por lo menos unas cuantas líneas de Cortázar sin sentirse conmovido o por lo menos impresionado. ¡Saludos!

    caldoso, sa
    1. adj. Que tiene mucho caldo.

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