¡Loca, bajate de allí!

Podría decir que Honduras, si fuera serpiente, es bífida, capitalmente hablando, pues tanto Tegucigalpa «de barro y humo/ fauna humana enloquecida…» como San Pedro Sula conjuntan dos importantes ciudades. Recuerdo una de las últimas veces que visité la primera, donde tengo amigas entrañables y hasta sobrinos putativos, mientras visitábamos varios puntos, entre ellos «donde quedaba» tal edificio, debido a que implacables huracanes desaparecieron importantes estructuras urbanas.

Sin embargo, una de mis vivencias más importantes fue haber conocido a la poeta Juana la Loca o Juana Pavón, fallecida el pasado jueves 27 a las dos de la madrugada, tras batallar contra el cáncer. La primera vez que la vi y la escuché fue en 2001, durante algún encuentro de escritores. Viajábamos en bus, escuchando a algún crítico extranjero. El auto se detuvo debido al rojo del semáforo cuando Juana se levantó. Usaba el pelo corto, estilo Sheena Easton, su ropa muy sencilla e impulsiva para levantarse, abrir la puerta y largarse, no sin antes dirigirnos a los demás uno de sus más hermosos poemas en el que le dice a Vincent van Gogh que mejor se hubiera cortado un testículo y no la oreja. Luego saltó a la calle y desapareció. Fue el acto poético más memorable que recuerdo. Más tarde apareció en la sede de la reunión de escritores, en la que se conversaba sobre lo políticamente correcto que se debería ser para optar a becas.

Su manera de actuar dentro del círculo de autores centroamericanos era de desconfianza, y no de servilismo. Recuerdo que alguien le dijo que lamentaba que ella no había tenido mucha fama y atención de los lectores, pero que él, escritor laureado, ya la había vengado.

No la vi los otros días, pero indagué acerca de esa poeta que derramaba versos en los lugares menos esperados. Genial ella, especialmente cuando supe que se llamaba Juana la Loca. Alguna vez leí la anécdota relatada por el escritor Eduardo Bähr, en el que Juana se subió a la estatua de Francisco Morazán. Un miembro del ejército se acercó y gritó: «¡Loca, bajate de allí!». Después de una pausa, la poeta se acercó al oído del general y le susurró: «Aunque te digan loca, general, no te bajés».

Juana no solamente fue una actriz de la vida, también actuó en la ficción, pues irónicamente actuó como monja en la cinta Anita, la cazadora de insectos. Ella también se ha convertido en un personaje de ficción, ya que Luisa Cruz dirigió la obra de teatro Juana la loca, basada en la difícil, pero valiente vida de esta poeta.

Nacida en julio de 1945, en Choluteca, Honduras, y bajo el nombre de Juana Pavón o Margarita Velázquez Pavón, publicó dos obras: Yo soy esa sujeto (1994) y Exacta (2004); sin embargo, más allá de sus textos, su poesía oral seguirá, como grafiti tocando a la sociedad centroamericana, que está huérfana de esta importante escritora.

Dejó un fragmento de este poema, profético, de esta escritora hondureña:

«es la hora de mi entierro
volví a llorar
a reír/llorar
y aún espero
que alguien venga
por mi cadáver
a sembrar mi cuerpo
para comenzar otra fiesta de locura».

¿Quién es Francisco Alejandro Méndez?

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