¿Una selfie? Sonría, no muera

Hace unos días, en un telenoticiero mostraron la información de un artista chino que desenterró el cuerpo de su padre (que falleció casi 20 años atrás) y luego se tomó unas selfies, como una manera de rendir homenaje a su progenitor que murió cuando Siyuan Zhuyu, el nombre del artista, tenía la edad de tres años. Parece que Zhuyu realizó el acto en una forma de realizar un encuentro con su padre, al que prácticamente no conoció. Seguidamente subió las fotos a un portal y, como ocurre generalmente, las redes explotaron y más, al tratarse de uno de los países más poblados del mundo. Al final, al artista le cerraron su cuenta. El portal expresó que rompía con las normas y condiciones del sitio virtual. Sin embargo, las fotos del muchacho junto al esqueleto de su padre circulan por todo el universo virtual.

El tema de las selfies es interesante, aunque a veces la frecuencia y hasta la ridiculez con que las personas las suben a sus redes, es absurda. La recurrencia de estas fotografías es tal, que algunos portales de noticias como CNN realizan concursos para definir las mejores selfies, entre las que destacan famosos como Barak Obama o el mismo papa Francisco y, por supuesto, actores hollywoodenses, deportistas y gente de la cultura. Entre las más famosas se encuentra la del astronauta Chris Hadfiel, quien en el 2013, se tomó una en el espacio. Otra de las más comentadas es la del actor Bradley Cooper, durante la entrega de los Premios Óscar en el 2014.

No voy a dejar de lado la foto que un aficionado argentino se tomó con Lionel Messi, a quien esperó durante más de seis horas para pararse al lado de su ídolo y apretar el botón: el aficionado se llama Felipe y tiene 10 años de edad. Tampoco lo haré con las selfies que dos futbolistas, uno mexicano y el otro hondureño, se tomaron con Cristiano Ronaldo, tras terminar de jugar. Cada uno debió de «cargar» el celular en su pantaloneta, al menos 90 minutos. La última que quiero mencionar es la de una mujer que intentó retratarse con una pantera negra en el zoológico de Phoenix, Arizona, Estados Unidos. El felino atacó el brazo de la susodicha, mientras ella trataba de encuadrar su rostro con el del molesto animal.

Claro, quién no se ha fotografiado de esa manera hoy día. En mi caso, cuando termino de impartir un curso en alguna universidad o algún taller o club de lectura, algunas personas me piden que nos tomemos esas dichosas fotografías. Yo, por mi parte, me tomo esos autorretratos con alguno de mis 25 perros y al rato ya las subo a mis redes. Es decir, que no me estoy exculpando. Seguramente, el hecho de tomarse esas fotografías tiene mucho de ego y de narcisismo.

Según en lo que coinciden muchos portales, este tipo de tomas se comenzaron a hacer famosas en las redes sociales a partir del 2011, y hasta tienen su día: el 21 de junio. Es un interesante «fenómeno» de la transición de la posmodernidad, en la que lo cotidiano tiene supremacía ante lo demás. No es que quiera trivializar esta forma de autofotografiarse, no. Se trata de algo que ocurre a diario. El tiempo que se invierte y la frecuencia. Por ejemplo, en Instagram se suben, en promedio, 95 millones de fotografías cada día. De acuerdo con portales como la BBC de Londres, los rangos de edad de personas que más suben selfies están comprendidos entre 18 y 24 años. Por otro lado, Priceonomics señala que en Instagram hay etiquetadas 50 millones de fotografías bajo el nombre de selfies, hasta finales del 2018.

Otro dato que llama poderosamente la atención, como dicen los políticos, es que han muerto más de 200 personas durante actos temerarios, mientras tomaban la respectiva selfie. Uno de los casos ocurrió en Panamá. Una muchacha tomó la foto desde el piso 27 de un edificio, pero luego cayó al vacío. ¿Será que algunos caemos al vacío de tantas selfies? Tras terminar este texto, revisé mi teléfono inteligente y me encontré con el dato de un mil 500 autorretratos, de unas 10 mil fotografías. Seguramente voy a hacer una limpia, pues ese ejercicio ególatra debe de terminar. ¿Se animan ustedes, queridos lectores, a diezmar sus computadores o teléfonos celulares? Espero que no se animen a tomar fotos temerarias que pongan en riesgo sus vidas.

¿Quién es Francisco Alejandro Méndez?

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