Diez años de la película nicaragüense La Yuma

Veinte años pasaron para que Nicaragua volviera a tener en sus pantallas un largometraje de ficción totalmente nicaragüense, el último había sido El espectro de la guerra, presentado en mayo de 1989, dirigido por el cineasta Ramiro Lacayo Deshón y que se constituyó como la última gran producción del Instituto Nicaragüense de Cine (INCINE). En medio de ese lapso habían sido rodados otros filmes de ficción en el país, como la coproducción La canción de Carla (Ken Loach, 1997).

Una nota publicada en 1929 en la revista nicaragüense Cine Latino colocaba a Nicaragua y a Guatemala como los dos países centroamericanos que iban “a la avanzada” en el cine, porque en ambos había cineastas propietarios de casas productoras de cine y realizaban distintos tipos de películas de ficción y documental, mientras el resto de estos países «dormían», como refiere la noticia. Lo mismo ocurrió en los años de 1980, Nicaragua estaba en primer lugar y su institución estatal de cine era la de mayor importancia en Centroamérica. Pero en la actualidad, pese a que el país ha ingresado en programas que ofrecen grandes oportunidades, como Ibermedia y la Conferencia de Autoridades Audiovisuales y Cinematográficas de Iberoamérica (CAACI), además de ser la segunda nación de la región en tener una ley de cine, su posición se ubica en los últimos lugares.

Una prueba de ello es el hecho de que una de las películas nicaragüenses más famosas de todos los tiempos, La Yuma, cumple en 2019 10 años de haber salido a luz y tras de sí solo conserva la estela de su película hermana La pantalla desnuda (2014), dirigida también por la cineasta Florence Jaugey. Sin embargo, en 2010, cuando se estrenó La Yuma, ocurrió un fenómeno en el imaginario cultural nicaragüense: la franca reconciliación entre el espectador y el cine nacional, una relación que había permanecido tensa durante décadas, porque el espectador, ante la larga lista de documentales institucionales que se produjeron en Nicaragua durante esos 20 años de ausencia de un largometraje de ficción, criticaba el cine nacional por solo mostrar sufrimientos y nada de entretenimiento. Conocido es que para el público general «cine» es el gran género cinematográfico: el largometraje de ficción, y de eso había carecido la filmografía nicaragüense.

La Yuma es hoy la película nicaragüense más taquillera hasta ahora. Permaneció en todas las pantallas de cine del país durante seis semanas y atrajo a un público que adquirió 26 mil boletos en Nicaragua y 19 mil en Francia, para un total de boletos comprados por 45 mil espectadores, cantidad comparable solo con la coproducción Alsino y el cóndor (Miguel Littin, 1982), la segunda película de Nicaragua más famosa y taquillera que alcanzó un público de 38 mil espectadores en salas de cine.

A este público que vio La Yuma en cines y teatros debe sumarse más de un millón 200 mil vistas en varios sitios piratas de internet y el hecho de haber llegado a la televisión de Estados Unidos, Europa y toda América Latina a través de señales de cable, más las presentaciones privadas en diferentes foros y festivales alrededor del mundo. Hasta la fecha, ha obtenido quince premios en festivales internacionales de cine de Cuba, Colombia, México, Francia, España, Brasil, Estados Unidos, Guatemala, Austria; y ha participado en 34 festivales internacionales en Francia, Alemania, Cuba, Colombia, Estados Unidos, México, España, Brasil, Holanda, Canadá, Finlandia, Suiza, Guatemala, Inglaterra, República Checa, Austria, Polonia, Belice, India y Puerto Rico.

Y, como si fuera poco, fue seleccionada en una de las listas cortas de Hollywood para concursar en los Premios Óscar en 2011, en la categoría de mejor película extranjera de habla no inglesa. Su costo aproximado fue de 400 mil dólares, que, en el ambiente del cine a nivel mundial puede parecer nada, pero en el panorama nicaragüense es un costo muy elevado para un proyecto de una empresa productora nacional, considerándose que fue reunido entre diversos patrocinadores, gestión realizada personalmente por su directora, Florence Jaugey, junto con su equipo de trabajo. El personal técnico que trabajó en La Yuma es de casi cien personas, además de todos los extras, que se cuentan por decenas.

La Yuma rompió de manera definitiva todas las barreras del cine pobre y abrió las puertas hacia una nueva cinematografía nicaragüense que aspire a premios internacionales, éxitos de taquilla, el llamado de atención de la crítica seria y objetiva, y el financiamiento tan deseado. Así, con sus desaciertos de fallas de actuación, un final no tan convincente para la mayoría de su público y otros elementos artísticos que no a todos les han gustado y lo ven como defectos —de lo que se ha escrito en varias ocasiones—, este largometraje ha sido aceptado, aplaudido y comprendido. La cinematografía nacional inauguró un punto de partida hacia un nuevo tiempo y un nuevo cine nicaragüense en temáticas, estilo, corrientes artísticas y comerciales.

Después de 10 años forma parte del nuevo imaginario cultural de Nicaragua y ha sobrepasado incluso a muchos filmes de su misma directora, calando en el ideal del espectador contemporáneo, cada vez más exigente.

¿Quién es Karly Gaitán Morales?

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