Guatemala: instantáneas de un país podrido

Gabriela Grajeda Arévalo_ perfil Casi literal«Busco trabajo, voy a ser padre» decía el cartel amarillo con letras regordetas de un hombre en su treintena que salió a buscar empleo entre el tráfico de la Ciudad de Guatemala. De aspecto serio y vestido con un saco y camisa que apenas cubrían su abdomen, el hombre encendió las redes sociales del país. De repente surgieron los típicos mensajes de «Dios te bendiga» multiplicados por mil. El hombre, en palabras de los facebooqueros, «tenía muchos huevos», «era un hombre de bien», «la mujer que se había casado o juntado con él era una bendita iluminada del Señor» y toda esa sarta de alabanzas que más parecen un efecto bola de nieve en copy-paste que un verdadero sentir.

Pero poco le duró al hombre la gloria. Según leí en varios portales de noticias, Mitchele Castillo, como se llama el futuro padre, fue visto por el titular del Ministerio de Desarrollo social, Carlos Velásquez Monge, mientras estaba en el tráfico yendo para su trabajo. Entonces el ministro lo citó y le ofreció trabajar en el mencionado Ministerio.

A partir de la noticia que implicaba a un funcionario de gobierno dándole trabajo a un «pobre samaritano», el discurso facebooquero dejó los rezos para dar cabida a los insultos y mofas. Incluso hubo páginas como «Guatemala es impresionante» que se dedicaron a hurgar el Facebook de Castillo para cuestionar su supuesta pobreza y le sacaron varios post de años atrás, fotos de él jugando tenis para poner en tela de juicio su «inocente» actuar.

Luego encontré teorías conspiratorias: desde que se trataba de un experimento social hasta que era una treta para que el gobierno actual mejore su imagen. Las bendiciones en todos estos casos se fueron sustituyendo por odio y, ya a este punto, hasta asco. Las teorías policiales en torno al hecho trascendieron a dimensiones épicas. Se empezó hablar de cortina de humo, abuso de poder, tráfico de influencias, investigación fiscal y cientos de caritas de enojo que apelaban a una denuncia ante el Ministerio Público por la «discriminación» y falta de oportunidades a otros guatemaltecos.

Hace un par de semanas el país también se volvió a encender con esas mismas construcciones de fotos robadas en esas supuestas páginas «pro-chapinas» que seguramente maneja algún troglodita. En esa ocasión el «patrio ardimiento» fue por los colores de la bandera guatemalteca a la que la comunidad LGBTIQ suplantó por los colores del arcoíris. ¡Ah, no! El país estaba en indignación total porque a nadie le importa que en Guatemala violen a una niña de 10 años o que los índices de violencia sean los más altos de la región, pero que vengan los «huecos» a joder «nuestros símbolos patrios», ahí sí, eso hay que mandarlo a la corte y matar a los que osaron en violarlos porque el dichoso patriotismo guatemalteco solo sirve a conveniencia y tiene fecha de caducidad.

Ayer, la siempre polémica Gloria Álvarez publicó un tuit en el que decía: «Ni vaginas ni penes determinan a un buen presidente, sino ideas», y abajo, subrayó: «Expongo que en Guatemala misóginos escriben en diarios que somos inútiles para ser líderes». Abajo de este texto, Álvarez agregó la fotografía de la columna de Arnulfo Chapas Pérez, de Nuestro Diario, en la que se lee: «Si una mujer nos llega a gobernar es culpa de nosotros los hombres, que una mujer asuma un mando presidencial no es natural».

Después de haber trabajado en la redacción de un diario en los últimos 30 días, es aberrante que bajo la capa de «es el diario popular del país» se le permita a cualquier persona publicar esta clase de horrores que solo dañan a la sociedad, a un sector que se mantiene desinformado y que se toma con pajilla toda esa sarta de muertes, engaños y vulgaridades. Y regresando al Tuit de Álvarez, más allá de hablar del discurso socialista quiero resaltar el machismo que ha surgido a raíz de que una mujer pretenda ser presidente.

Más allá de que Sandra Torres me parezca nefasta, que haya contaminado la ciudad con su campaña absurda y que vaya a instaurar una sarta de programas sociales que solo van a generar más pobreza en un país hastiado de discursos populistoides (porque son tan baratos que ni a populistas llegan), es absolutamente absurdo que, a meses de que se decida el futuro del país para los próximos cuatro años, la balanza se decante por el género del candidato; y encima, que haya personas insultándola por ser mujer. No solo en redes sociales, sino también en diarios de circulación masiva.

Todos los casos anteriormente expuestos solo denotan a una sociedad enferma, mezquina, hipócrita e iglesiera a la que verdaderamente poco le importa el bienestar del prójimo. El doble discurso guatemalteco será siempre la razón por la que el país no sale adelante. Ademàs de ser un país pobre y miserable, violento, negligente y retrasado, Guatemala está compuesto por un núcleo social vacío, homofóbico, misógino y machista que se dedica a juzgar al prójimo desde su moralidad. Entonces se dan contrastes de hace dos siglos en los que una mujer es una prostituta si convive con su novio antes de casarse, pero es una «Dulcinea» si todavía vive con sus padres y se casa de blanco en la catedral, ¡como Dios manda! (aunque lleve seis años con su pareja y tengan relaciones sexuales como cosa normal); o en los que la gente sale de la iglesia, todavía a medio persignar, lanzando improperios al homosexual que decidió ir a misa y que está sentado en la banca de enfrente.

Guatemala no es libre porque la gente vive sumergida en un pensamiento feudal, confundiendo religión con bondad, creyendo en un Dios que castiga como en el siglo IX y hablando de una Biblia que ni leen y ni entienden. Guatemala no es libre porque a la gente le da cólera que al otro la vaya bien y que a un hombre que salió con un cartel a pedir trabajo a la calle lo hayan contratado.

Guatemala no es libre porque la gente tampoco entiende la libertad, porque aún vivimos sumergidos en un resentimiento social que nos convierte en un país altamente racista y clasista. En Guatemala no todos somos guatemaltecos, no: en Guatemala hay indios, hay choleros, hay negros, hay fresas y la gente vale un apellido. Por eso me burlo de ese «patrio ardimiento» por una bandera coloreada que al final no es más que un grito desesperado por un poco de inclusión, porque la verdadera podredumbre está en la mezquindad de la gente que parece alimentarse de la tragedia del otro para sentirse empoderada.

¿Quién es Gabriela Grajeda Arévalo?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. antonio beta dice:

    Así es y seguira siendo….cualquiera que tenga una red social será como darle un arma sin licencia y matará a diestra y siniestra sin pensarlo arrasará y no se detendrá mientras sea gratis opinar.

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