Hablemos de los sueldos con los que ya nadie puede vivir

Gabriela Grajeda Arévalo_ perfil Casi literal—Debes saber que el trabajo es intenso porque solo somos dos en la oficina, y si te contrato, sería para que me ayudes con este nuevo cliente que acabamos de adquirir en el evento que es a finales de mes. Además de las notas de prensa, el trato con clientes, también tienes que ordenar facturas, ocuparte del catering el día del evento, hablar con los mensajeros, hacer informes… En fin, hacer de todo. Habrá días en que vas a salir después de tu hora o que tendrás que llegar antes para hacer los informes, incluso el día del evento saldrás como a las once de la noche. No te dará tiempo de almorzar y por eso hemos improvisado una cocinita porque, acá comemos en 15 minutos, y ese es el presupuesto que tengo ahora para cubrir este proyecto.

—En el anuncio decía que es un trabajo de medio tiempo, pero según me lo está dando a entender es un trabajo de más de seis horas que pagan como medio tiempo.

—Sí, mira, pero no podemos pagar más.

Esa fue parte de la conversación —si se le puede llamar así— que sostuve hace menos de un mes con una mujer que necesitaba contratar a alguien para un proyecto en una agencia de comunicación en Panamá. La organización se llama Another Company y curiosamente como lema tienen la frase «We’re not another agency, we’re another company». Ellos necesitaban a alguien con contactos, que tuviera presencia, con experiencia en medios locales, que supiera redactar, que tuviera una licenciatura en periodismo o carreras afines, experiencia tanto periodística como comercial, que no tuviera hijos, familia o algún tipo de vida, que estuviera dispuesta a sacrificar sus almuerzos, cenas y fines  de semana, que viviera para los clientes y estuviera dispuesta a cobrar un sueldo que no alcanza ni para comprar en el supermercado, mucho menos para vivir.

Lo más triste de todo es que esta es la problemática a la que se enfrentan millones de personas cada día en Centroamérica, nuestra región. Miles de postulantes deben aceptar plazas laborales perversas que los dejan sin vida, sin oportunidades, sin tiempo de hacer otras cosas, sin capacitación, sin prestaciones de ley, sin tiempo para compartir con la familia o ejecutar otros proyectos, con horarios extremos, apartados, con ambientes laborales tóxicos y desagradables y con sueldos extremadamente bajos.

Como pasa mucho en Guatemala, donde hay organizaciones que les piden a las personas factura para no tener que pagarles prestaciones y ni tenerlos en planilla, pero esas personas sí deben cumplir con un trabajo formal de nómina. Aun así la gente siempre piensa que «es mejor eso a no tener trabajo y no recibir dinero al mes», entonces aceptan esas condiciones infrahumanas y absurdas por necesidad y la cadena infame de algunas empresas se vuelve una gran pelota de nieve, ofertando plazas que la gente acepta porque no le queda de otra.

En estas condiciones la rueda económica del país se mueve con el esfuerzo de los pocos que pagan impuestos, de los recortes que hacen para Seguro Social, IGGS, Impuesto Sobre la Renta y quién sabe qué sarta de descuentos más. El tiempo pasa, los meses se acaban, las colegiaturas, medicinas y la canasta básica se rigen con los precios del mercado que siguen subiendo, pero los sueldos son bajos porque ya de nada sirve que se haya matado uno en la universidad o que se tenga la mejor experiencia y currículo. Ya nadie vale nada en el mercado laboral.

El grupo Manpower saca un informe anual sobre algo llamado «escasez de talento». Inician su informe con una cita poderosa: «El 50% de los empleadores dice que no puede encontrar las habilidades que necesita», y aparece una carta del CEO de la compañía: «Frente a la escasez de talento que hoy se vive en todo el mundo, los empleadores deben cambiar el enfoque de sus estrategias de consumidores de trabajo para convertirse en constructores del talento de hoy y de mañana. La única forma para ejecutar eficazmente su estrategia comercial, crear valor y mejorar las vidas de las personas es desarrollando una combinación correcta entre personas, habilidades, procesos y tecnología».

Yo no conocía este informe y lo encontré de casualidad el mes pasado en la revista Forbes. En él se mencionan las múltiples quejas de las empresas ante la falta de capacitación de las personas, pero mientras leía me pregunté: ¿Es falta de talento o es simplemente que ahora quieren que las personas tengan tres carreras en una para contratar menos personas y que así les salga barato?

Y esto lo constaté hace un tiempo cuando hablé con una amiga diseñadora gráfica que había encontrado una plaza laboral en una empresa. Estaba un poco asustada, pues aunque la plaza tenía todas las características para las que ella se había preparado profesionalmente le pedían «profundos» conocimientos en periodismo y trato comercial con clientes. Entonces nos dimos cuenta de que para esa plaza —que supuestamente estaba bien remunerada— lo que buscaban en realidad era que una persona desempeñara el trabajo de tres. Aun así ella envió su currículo: hablo de una persona muy bien preparada además de artista. La situación fue que no la llamaron porque ella no tenía conocimientos periodísticos aunque sí cumplía con todo lo demás. ¿Será eso escasez de talento o simple explotación?

«Los empleadores no logran encontrar a las personas con la combinación adecuada de habilidades técnicas y profesionales. Mantener el ritmo en esta “Revolución de habilidades” exige talento y capacitación, orientados a la mejora de competencias y a la gestión de las personas», dice el informe de Manpower.

Lo cierto es que la tasa de desempleo sigue en aumento y los sueldos siguen bajos. Según estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Panamá, hasta marzo de 2019 la tasa de desempleo total fue de 6.4%.

En Guatemala las condiciones son otras, la tasa de informalidad alcanzó el 70.6 % y la de desempleo el 2.8%. Esto demuestra que hay que hacer una movida importante en el mercado laboral porque, lógicamente, a la gente no le conviene meterse a un trabajo mal pagado donde los exploten y con descuentos para mantener un Seguro Social que no funciona, mientras que en el mercado informal se gana más en menos tiempo, con menos esfuerzo y con mayor libertad.

En un artículo del El Periódico de enero de este año, Luis Linares, consultor de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES), dijo: «Es significativo que la informalidad afecte a un 70 por ciento y el subempleo, porque es gente que quiere trabajar más horas y tener un ingreso mayor». En este artículo Linares comentó que en un estudio realizado sobre el nivel de ingresos —en el que se compara el año 2002 con 2017— se refleja el estancamiento del salario y el deterioro en materia de ingresos. Por ejemplo, el porcentaje de los asalariados sin seguridad social es más alto en 2017 que en 2002.

Lo cierto es que con la penetración de más tecnología la gente cada vez necesita menos involucrarse en un mercado laboral que no deja de ser perverso. Las redes sociales son la plataforma perfecta para poner un negocio sin necesidad de un local, pagar impuestos y/o mantener empleados. Se necesita invertir en una computadora y pagar el internet, lo demás va de la mano de las habilidades de cada uno. En el caso de las carreras más artísticas, como los diseñadores gráficos, han optado por poner su propia empresa o hacer alianzas con otros diseñadores en vista de la falta de oportunidades o de trabajos mal remunerados y explotadores.

Aun así el problema persistirá mientras las empresas no establezcan incentivos y sigan pagando sueldos por debajo de los precios del mercado. En economía existe algo llamado «costo de oportunidad» y esto se refiere a lo que la persona renuncia o sacrifica cuando toma una determinada decisión, incluyendo los beneficios. Por lo tanto, el costo de oportunidad son los recursos que se dejan de percibir y dicho costo en el caso de los mercados laborales de nuestros países centroamericanos es altísimo ¿a quién le conviene?

En el caso de los jóvenes, según las estadísticas se estima que en Guatemala entre 180 mil y 200 mil jóvenes se gradúan cada año, pero solo el 20% consigue un empleo formal. Esto les crea una mayor dependencia además de decepción ya que en el país solo el 1% de la población tiene acceso a la educación. Por eso la gente con mejor posición económica está optando por la especialización como ocurre en Estados Unidos desde hace muchos años: gente con maestrías y doctorados tratándose de abrir una brecha para tener una mejor calidad de vida aunque tengan dos empleos a la vez. Pero ¿qué pasa con la gente que no se puede especializar o que ni siquiera puede estudiar? He conocido a muchos profesionales manejando Uber y así está la cosa.

Pero hay más que decir sobre este tema, así que esperen pronto su continuación.

¿Quién es Gabriela Grajeda Arévalo?

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. M Cerezo dice:

    Excelente artículo. Aquí dejo algunas de mis consideraciones, abiertas a discusión.

    Uno: Hay un exceso de demanda de oportunidades que resulta, naturalmente, en un declive del valor (en todo sentido) del trabajo. Hay tanta gente buscando empleo, que el resultado es que cualquiera es prescindible porque hay mil más haciendo cola rogando para esclavizarse. Porque detrás de ellos, hay novecientos noventa y nueve más en la misma situación (y estoy hablando de un puesto a la vez). Eso es lo primero: miles de miles esperando ese puesto y siguen naciendo más y multiplicándose, en países cuya producción es mínima. Estamos sobrepoblados.

    Dos: nepotismo. Hay demasiados puestos de trabajo que se crean o se entregan para amigos, familiares, caseros y caseras, primos, o son favores pendientes, y están ocupados por gente —adivinemos—, completamente incapaz. Son parásitos ya enquistados que van a perpetrar ese tipo de favoritismos. Significan enormes fugas de dinero, porque sus sueldos y jubilaciones no corresponden a su capacidad de generar crecimiento en sus empresas y puestos, y por lo tanto, a la sociedad.

    Tres: la gente, en su mayoría, de verdad no están capacitados o no quieren estarlo. Las empresas serias funcionan porque emplean personas capaces. No se trata de licenciaturas o de doctorados. Se trata de personas hábiles y con aspiración a la excelencia, dinámicas, curiosas, disciplinadas, comprometidas. Y seamos sinceros, aquí a dónde uno vea, reina la mediocridad en todos los niveles. Las mayorías hoy son incapaces de tomarse el tiempo de aprender a redactar un correo electrónico o una carta de presentación que no tenga dos errores ortográficos en cada línea, sin mencionar los gramaticales. ¿Quién los va a tomar en serio? Automáticamente se colocan en una situación de desventaja y de mano de obra barata. No digamos la falta de interés por aprender lo que sea, como ser puntuales, responsabilizarse de sí mismos, o simples valores de convivencia.

    Cuatro: algunos no pueden capacitarse, por muy trabajadores que sean, porque ya traen una desventaja desde la cuna: la desnutrición. Está comprobado que la desnutrición no permite un desarrollo cerebral y cognitivo completo. Así que, aunque estudien y salgan raspaditos, de verdad sus habilidades intelectuales son limitadas y, por lo tanto, sus oportunidades de crecimiento profesional son mínimas. Al menos en “el gran mercado profesional”.

    Cinco: o no hay criterio, o no hay voluntad. Cada individuo tiene capacidades personales que les permitirían desarrollarse en ámbitos específicos, pero eso no se toma en cuenta. Nos homogenizan de tal manera que le exigen lo mismo a una persona con habilidades matemáticas que a alguien que nos las tiene. Tal vez fulanito es malo para tal cosa, pero tiene unas habilidades superlativas de trato humano… ¿Será que el encargado de Recursos Humanos no está capacitado o sólo es un mediocre saca-chance que no vio la oportunidad?

    Y sí: hay explotación. Mucha. Y va de la mano con la corrupción. Pero el Ministerio de Trabajo aquí, al menos lo que he tenido oportunidad de observar, sí defiende a los trabajadores. A veces hasta de más… pero todo es circunstancial.

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