La fragilidad y la fortaleza de la región mesoamericana

Alejandro García_ Perfil Casi literalDesde México hasta Panamá. Vivimos en una de las zonas más conflictivas del planeta. La corrupción de los gobiernos, de conglomerados que explotan a poblaciones vulnerables con la venia de los gobernantes, la pobreza que aflige a las personas y, por supuesto, el narcotráfico que cala en los huesos de nuestras naciones. Todas estas circunstancias se replican en mayor o menor medida conforme atravesamos nuestras fronteras.

Cada mañana abrir los medios de prensa significa encontrar la mitad de la realidad de nuestros respectivos países. Es alimentarnos de la mitad de los datos que terminan por conformar nuestros puntos de vista. Como resultado de este ejercicio nuestra cosmovisión se distorsiona y nos preparamos para ver caer cualquier asomo de esperanza.

No existe cuento de hadas. Ciertamente la vida es dura para gran parte de los centroamericanos, mexicanos y demás pobladores del cono sur. La cuestión migratoria se da por una sencilla razón: arriesgar lo impensado con la esperanza de mejorar la calidad de vida y luchar por tener el mínimo de dignidad humana.

Es normal albergar un sentimiento de desazón, letargo, resignación o cinismo como forma de reacción ante algo que no parece cambiar; sin embargo lo normal no quiere decir que sea lo correcto. Hace tan solo unas cuantas décadas dábamos por sentado que era normal que las mujeres no pudieran votar o que a los afrodescendientes se les impusieran límites que coartaban su condición humana.

La otra mitad de la realidad que a diario no percibimos es menos utópica de lo que imaginamos; ciertamente no produce tantos titulares como debería, pero es completamente tangible. Lo voluminoso del caos en que vivimos también da paso a estructuras de personas, a verdaderas asociaciones de individuos que abogan por la lucha contra la corrupción, por el acceso irrestricto a los derechos humanos, por la preservación de un medio ambiente sano; todas estas acciones entre un centenar plantan cara a la detestable realidad que llena de apatía y desesperanza el diario vivir.

Esta lucha por la dignidad del ser humano encuentra peligros que amenazan la vida misma. El apoyo que brindemos durante estas luchas por mejorar las condiciones de vida pasa por utilizar los medios de los que disponemos para crear consciencia social, para cambiar hábitos destructivos, para cambiar cinismo por veracidad y acción. Es necesario recordar que todos los cambios nacen de una pequeña decisión personal.

Vivimos rodeados de algo más que idealismos, entre acciones concretas de individuos que optan dejar de lado la indiferencia, y en cambio, propulsan unas cuantas vidas en busca de mejorar la sociedad a la vez que buscan responsabilidad por parte de los gobernantes que elegimos o cambios dentro de aquellos que se imponen dictatorialmente. La alteración del status quo de nuestras sociedades debe provenir de la responsabilidad que asumimos al darnos cuenta de que la pasividad no resulta compatible con las luchas de otros por mejorar la vida de todos. Es necesaria nuestra participación para poder levantarnos como sociedad.

[Foto de portada: Associated Press].

¿Quién es Alejandro García?

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