De jardines y laberintos (Fernando Vérkell)

Uno de los pocos placeres de la vida de callejuelas húmedas es conservar la capacidad de maravillarse ante una obra artística. Como el arte es una manada de caballos salvajes, lo mejor es evadirse un rato cada día y perderse entre jardines espaciosos donde todo lo predicho es un pretexto; además, viajaremos despreocupados por laberintos rectilíneos, enemigos de la simetría y de los cálculos sintéticos y armoniosos.

El arte nos expulsa del jardín y nos empuja al laberinto.

Fernando Vérkell

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