El odio a las mujeres, los homosexuales y los trans consagrado en la constitución panameña


Por JAVIER STANZIOLA | EXPULSANDO A LUPITA

La constitución violadora de derechos humanos y fallos internacionales negará que mi familia es familia y sembrará la semilla para negar que las mujeres controlen su salud reproductiva y sus vidas. Y yo no haré nada. En la política sucia, cada acción implica un ganador y un perdedor. Los LGBTIQ estamos en el grupo de los que perdemos, de seguro.

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Javier Stanziola_ Perfil Casi literalLa elite panameña ha comenzado otro proceso de reforma constitucional.

La reformada ley suprema incluirá un artículo martillero —no me queda duda— explicando que el Estado solo reconoce el matrimonio entre un hombre y una mujer. Estoy seguro de que la reforma incluirá la protección a la maternidad. Lo sé porque así lo propuso un diputado del partido en el poder que se hace llamar socialdemócrata pero que solo busca sobrevivencia. También sé que todos los que tenemos el corazón embargado de llanto por este martillazo tenemos poca capacidad de movilización, de hacer desaparecer el odio.

La constitución violadora de derechos humanos y fallos internacionales negará que mi familia es familia y sembrará la semilla para negar que las mujeres controlen su salud reproductiva y sus vidas. Y yo no haré nada.

En la política sucia, cada acción implica un ganador y un perdedor. Los LGBTIQ estamos en el grupo de los que perdemos, de seguro. Sospecho que detrás de la romántica noción de proteger la maternidad se encuentra el profundo temor de los hombres de compartir el poder con el otro cincuenta por ciento de la población.

Los de corazón roto, con nuestros lamentos tuiteros, hemos dejado que se pudra en la alacena el ideal del bien común.

Cataluña es llama. Ecuador colmena negra. Estados Unidos otra vez dice estar perdiendo su inocencia. Y Panamá invertirá tiempo en una reforma constitucional para que le quede claro a tu hijo, a tu hija, que los monseñores y pastores son los que mandan.

Turquía es orgullosa genocida. Italia da la espalda a los inmigrantes del mar. El zombi del imperio británico muere otra vez para que empresarios con cuentas offshore puedan hacer polvo las protecciones laborales de los desbancarizados. Y Panamá incluirá en su Constitución que el matrimonio solo puede ser entre un hombre y una mujer porque todos sabemos que los LGBTIQ somos los bufones del rey.  Nos mencionas con un ligero tono de malicia y como teledirigidos lo olvidamos todo para atragantar al goloso morbo.

China —orgullosa dictadura— es oportunidad de negocios. Venezuela se postula a proteger derechos humanos. Argentina despierta ensangrentada luego de otro desliz de cama con el FMI. Y Panamá, en su constitución, prioriza la consagración de roles de género e instituciones que servían a la economía agrícola antes de las eras, para que la economía que vive de barcos, bancos y bacanales no muera.

Dos millones de panameños no tienen cuenta bancaria, hundiéndolos en la informalidad. Un millón de panameñas, mujeres, no tienen acceso al mercado laboral porque los panameños, hombres, las dejan maniatadas en la cocina. Ochocientosmildemasiados panameños generan ingresos que ni siquiera les rinde para comprar arroz, poroto y carne.

Y nosotros, Panamá, dejaremos que nuestros diputados inviertan tiempo en una reforma constitucional que acribillará los derechos humanos de mujeres, los homosexuales y los trans.

Esa es la identidad del país que no existe: mientras menos nos quejemos, más probabilidades tenemos de entrar al grupo de los ganadores.

[Foto de portada: Alejandro Bolívar, EFE].

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