Mujeres de El Salvador (I): Mélida Anaya Montes, la maestra guerrillera

Mujeres de El Salvador (I): Mélida Anaya Montes, la maestra guerrillera


Por DARÍO JOVEL | FLORILEGIO DE UNA MEMORIA ACCIDENTADA

La madrugada del 6 de abril de 1983, unos hombres entraron sigilosamente a su casa en Managua, rodearon su cama mientras dormía y con un picahielo la apuñalaron 83 veces (Julio César, emperador romano, solo recibió 23).

Hoy la comandanta Ana María es una mártir de izquierda y slogan de campaña. La han idealizado tanto que es muy probable que su leyenda haya sido construida a base de mentiras.

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Darío Jovel_ Perfil Casi literalMélida Anaya Montes (1929-1983) tuvo la responsabilidad autoimpuesta de cambiar a una tierra aferrada su pasado, la de dignificar un gremio pisoteado y cantar con orgullo que un día el cielo volvería ser azul. Se formó como docente desde el vientre de su madre, creció admirado el lago de Ilopango desde un pueblo diminuto de El Salvador que, años más tarde, describiría Roque Dalton como: «Pequeño y pobre».

Soñó con vivir en un país educado donde las escuelas estuvieran más llenas que las cárceles y donde los niños aprendieran antes a usar el lápiz que la pala. Se graduó de una Escuela Normal y se doctoró en la Universidad de El Salvador en los años en que los licenciados e ingenieros se contaban a cuentagotas. Fue de las fundadoras del primer sindicato de docentes (ANDES 21 de Junio) y entre 1960 y 1975 se hizo un nombre entre los pasillos de las clandestinas organizaciones de izquierda.

Estuvo en la lista de «problemas graves» del presidente militar Fidel Sánchez y sus años de enseñanza quedaron en segundo plano al fundar las FPL (Fuerzas Populares de Liberación) junto a Salvador Cayetano Carpio (ex secretario del partido comunista) y un grupo de estudiantes y obreros. Las FPL se convirtieron en el primer grupo armado de izquierda en El Salvador, pero aquella «amistad» entre los dos principales fundadores —conocidos como comandanta Ana María y comandante Marcial— dudaría apenas un suspiro. Las diferencias ideológicas entre ambos se volvieron de conocimiento público, la tensión se acrecentó y el tercer acto de la historia tuvo a Managua, Nicaragua, por escenario.

Tras la Revolución Sandinista, los altos mandos de las LFP se trasladaron a la capital nicaragüense, pero allí las posturas moderadas de Anaya Montes chocaron con el leninismo-marxismo que predicaba Carpio. No se trataba de dos visones similares con medios distintos, sino de visiones distintas de lo que la sociedad debía aspirar a ser.

La madrugada del 6 de abril de 1983, unos hombres entraron sigilosamente a su casa en Managua, rodearon su cama mientras dormía y con un picahielo la apuñalaron 83 veces (Julio César, emperador romano, solo recibió 23). Salvador Carpio fue señalado como autor intelectual y seis días después del asesinato de la comandanta Ana María fue encontrado muerto (se dice que por suicidio), aunque a la postre se comprobó su inocencia. Uno de los autores materiales del asesinato está en la cárcel, pero el autor intelectual sigue siendo un misterio, y los sospechosos varían entre los integrantes de las LFP hasta el gobierno revolucionario sandinista de Nicaragua.

Hoy, Mélida Anaya Montes, o la comandanta Ana María, es una mártir de izquierda y slogan de campaña. La han idealizado tanto que es muy probable que su leyenda haya sido construida a base de mentiras, sin embargo, talvez entre los escombros de la verdad aún queden memorias fidedignas de la maestra guerrillera.

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