Culo dormido sí tiene dueño


Por LISSETE E. LANUZA SÁENZ | LEER (LA VIDA)

#LaCáscara es uno de esos programas de televisión chabacanos y vulgares que todos encontrábamos más divertidos cuando no entendíamos lo racistas, misóginos y homofóbicos que son; pero este año sí se pasaron de la raya.

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Hace muchos años que no carnavaleo como Dios o el panameño mandan. Las Tablas, Penonomé, Ocú, el parque, el PH, las toneladas de alcohol… Todo eso ha pasado a ser historia para mí. La explicación es sencilla: es que me he puesto vieja o me he vuelto aburrida. O simplemente me he cansado de tener que navegar por todas esas circunstancias con el cuidado que requiere ser mujer: baila, pero no bailes muy pegada a nadie; no vaya a ser que se pasen. Toma, pero no tomes mucho; no vaya a ser que alguien se aproveche de ti. Disfruta, pero no tanto, no vaya a ser que los demás piensen que están invitados a ser parte de tu dicha.

Y es que ser mujer cansa. Les juro que cansa bastante.

Estos carnavales los pasé en la playa. Algunas mujeres, sin embargo, se fueron a carnavalear en serio, quizá porque son más valientes que yo o simplemente porque su cansancio se manifiesta en un deseo de no permitir que la sociedad les quite la posibilidad de disfrutar como se les dé la gana. No obstante, siempre está el recordatorio de que cuando uno es mujer todo es más difícil.

La cáscara fue el encargado de proporcionarnos este recordatorio en estos carnavales. Para quienes no viven en Panamá, se trata de uno de esos programas de televisión chabacanos y vulgares que todos encontrábamos más divertidos cuando no entendíamos a cabalidad lo racistas, misóginos y homofóbicos que son. Pero incluso para ellos, como bien diría el panameño: «este año se pasaron».

No estoy aquí para especular sobre si la mujer en el video estaba demasiado borracha o sobre si su acompañante hizo o no lo correcto al permitir que la filmaran porque ya tengo suficiente con la expresión del mal llamado «locutor» de La cáscara, quien al referirse a la mujer y lo que podía —o debía— pasarle, lanzó la frase: «Culo dormido no tiene dueño».

Excepto que sí tiene. Es mío. Dormido, despierto, borracho o de cualquier manera, el culo sí es mío. Solo mío. Y solo yo decido que pasa con él.

Dentro de la burla o el intento de chiste hay una realidad: La cáscara y gran parte de la sociedad panameña —la misma que muchas mujeres y yo evitamos en los carnavales— es extremadamente machista y está convencida de que el cuerpo de las mujeres les pertenece no a ellas, sino al que sea que se la encuentre primero.

Pero ya es hora de que se vayan despertando o los hagamos despertar para que entiendan que tanto mi culo, y el de todas las panameñas, solo es nuestro.

Clic aquí para ver el video en cuestión.

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