Panamá y la fantasía de la igualdad


Por LISSETE E. LANUZA SÁENZ | LEER (LA VIDA)

La cuarentena obligatoria en la pandemia se dividió por sexo. Las mujeres salen los lunes, miércoles y viernes; los hombres, martes, jueves y sábado. ¿Y las personas trans? ¿La policía había previsto estos casos? Claro que no. Esto es Panamá. Aquí ni se pensó en el tema.


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Aquí en Panamá nos gusta proyectarnos como un país «avanzado». Algunos dicen con ego que nuestro país está haciendo las cosas bien, mientras que otros creen que solo con decirlo basta. Si yo presumo de mi país y de lo bien que está manejando ciertas situaciones, es porque el país en realidad tendrá que estar haciendo las cosas bien, ¿no? Pues, lastimosamente, ese no es el caso de Panamá.

Hablemos específicamente de los derechos de la comunidad LGTBIQ en el país. El tema sale a relucir y toma protagonismo con la noticia de que en Costa Rica, nuestro vecino del norte —ese país que algunas personas en Panamá desestiman y califican como una nación menos avanzada que la nuestra— se legalizó el matrimonio de parejas del mismo sexo.

Mientras tanto, acá en Panamá tenemos pandemia y no hablamos de eso. Pero tampoco hablamos sobre cómo la cuarentena obligatoria en la pandemia se dividió por sexo. Las mujeres salían los lunes, miércoles y viernes; los hombres, martes, jueves y sábado. ¿Y las personas trans?

¿Los obligan a salir de acuerdo con sexo que señala su cédula o con el que se identifican? ¿La policía ya tenía políticas para tomar decisiones sobre estos casos, decisiones que trataran a cada ser humano con el respecto que se merece? Claro que no. Esto es Panamá. Aquí ni se pensó en el tema.

Esta es la peor parte: las preocupaciones de la comunidad LGTBIQ en nuestro país ni siquiera son secundarias, tampoco terciarias. Simplemente no están en el radar. Nadie tiene políticas para estas personas y no estamos caminando hacia la igualdad porque a nadie le interesa la lucha.

Quizá algunos de ustedes pensarán: «Pues, la desidia es mejor que la discriminación», pero no es cierto. Son dos caras del mismo problema: el de no respetar la humanidad de todas las personas que sean diferentes.

Ya es hora de que Panamá cambie y para comenzar a trabajar por ese cambio no solo necesitamos aliados y tampoco basta que se alcen las voces. Necesitamos información e interés. Una población y un gobierno informado. Uno que entienda que velar por los derechos de las personas trans y no heterosexuales no es un plus, sino una obligación.

Así comenzamos. Luego hay mucho más.

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