La migración centroamericana a Estados Unidos: un círculo vicioso


Ingrid Ortez_ Casi literalEn el mundo actual, cargado de miles de imágenes. El mensaje detrás de ellas siempre tiene especulaciones diversas; muchas veces con un sentido de manipulación para la conveniencia de un sector en particular. Todos hemos visto retratada la violencia, la injusticia, la represión y, sobre todo, uno de los grandes dramas interminables a través de la historia de la humanidad: la migración.

Según la Organización Internacional para los Migrantes (OIM) hasta 2020 las estadísticas tenían el recuento de 281 millones de migrantes en diferentes regiones del planeta. Eso es el 3.60% de la población. Pero ya sabemos estadísticas y cantidades que demuestran el perfil de algunas problemáticas locales o regionales. La migración no es algo nuevo, ha sido un fenómeno complejo y multifacético, una experiencia de todos los tiempos quizá inherente al ser humano y que le da coherencia a la misma especie. En los orígenes de la civilización se emigró para descubrir y buscar nuevas regiones para la sobrevivencia, como el registro fósil de que el clima —en la última glaciación— obligó a los primeros pueblos primitivos a moverse para buscar regiones menos inhóspitas.

A raíz de la globalización se dieron varias dimensiones que marcan la línea de los sucesos migratorios muchas veces políticos, culturales, jurídicos y, sobre todo, económicos. Vemos cómo a finales del siglo XIX se identifican ciertos momentos clave de la migración como las transoceánicas que registran alrededor de 55 millones de europeos; o las internas, como la crisis económica a finales del siglo XIX hasta la década de 1930 del siglo XX, cuando la migración del campo a la ciudad estuvo en auge; pero también la que se dio producto de los conflictos políticos y sociales desde la década de 1950 del siglo pasado hasta finales del milenio; y por último, también a causa de la globalización, un hecho que seguirá repitiéndose una y otra vez.

Leía esta semana la noticia de la visita de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris —una migrante, por cierto— y la polémica que desataron sus declaraciones dirigidas a los migrantes de Guatemala: «No vengan». También recordé las imágenes mostradas por los medios a inicio de este año, en las que se ve a la Policía y el Ejército de Guatemala dispersando con gases lacrimógenos y golpes a unos 4 mil migrantes. Y entonces no pude dejar de pensar en el famoso dicho aquel del «burro hablando de orejas».

Estados Unidos es, en esencia, un país de migrantes que mantiene entre sus políticas este debate interminable. El hambre y la desesperación van a ser de continuo una razón para migrar. En este punto rescato las palabras de Harris publicadas en los medios: «La mayoría de las personas no quieren dejar el lugar donde crecieron. A su abuela. Al lugar donde rezan. El lugar donde se habla su idioma y su cultura es familiar. Y cuando lo dejan suele ser por dos motivos. O huyen de algún peligro o simplemente no logran satisfacer sus necesidades básicas». En efecto, razones que se han incrementado en los últimos años, aun más en Centroamérica: la falta de oportunidades, la extrema pobreza y en algunos casos las amenazas de muerte por parte de gobiernos que con mucho descaro forman parte del crimen organizado y narcotráfico.

Lo paradójico de este tema tan sensible y complejo es que países precisamente como Estados Unidos, que quieren combatir la plaga de la migración, son los mismos que han impuesto, fomentado y apoyado —con sus funcionarios de Estado y sus empresarios— a los que provocan esa falta de oportunidades y pobreza. Es decir, las dictaduras disfrazadas de democracia y el narcotráfico apoyado por esos mismos poderosos y empresarios.

Es esto, entonces, un círculo vicioso del cual jamás tendremos oportunidad de salir mientras la misma casa esté fomentando la delincuencia, las dictaduras y la miseria; del mismo modo que lo es el impacto de las imágenes en los medios como una forma de publicidad por parte de los gobiernos para mantener confundida a la población para no darle solución definitiva a esta problemática. Pero qué manera de usar la injusticia como acción publicitaria para sostener el estatus quo, llegar al poder y luego jugar bajo la mesa las cartas que más convengan, pero nunca a favor de los millones de seres humanos que se ven obligados a migrar.

La migración sigue siendo el talón de Aquiles, usada para entretenimiento en grandes imágenes de portadas de prensa hegemónica, como un drama que culpa a uno y otro. Nadie quiere irse de su patria, dejar a su familia y aventurarse a la incertidumbre y el maltrato. Esto me lleva a la otra imagen impactante: la escena dolorosa de una anciana cargada en los brazos de otro migrante cruzando el Río Bravo.

La política migratoria será siempre cruel y acomodaticia para los intereses de los poderosos, y el dolor de los pueblos alimento para las hienas de la política exterior, de dictaduras y de narcotráfico como nuevo poder político. Un círculo vicioso que no se resolverá mientras genere imágenes que mantengan la atención y alimenten intereses particulares.

[Foto de portada: Martin Leveneur]

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