Mi interés detrás del tarot (I)


Leo De Soulas_ Casi literalTarot y Nueva Orleans, capital internacional del Jazz y bastión de la cultura francesa en América, es además una ciudad rodeada de magia e impregnada de color localista muy particular. Asomarse a sus misterios va más allá de visitar sus pubs en el French Quarter o hacer la visita turística obligatoria a sus legendarios cementerios. Con un poco de sensibilidad es posible percibir en su atmósfera el halo místico de la cultura vudú afroamericana. La mejor experiencia, sin duda, es caminar por sus calles solitarias al filo de la medianoche y dejarse arrobar por esas extrañas sensaciones de que alguna entidad invisible camina a tu lado mientras los pasos recorren las interminables cuadras del Garden District, cuyas mansiones victorianas parecen estar habitadas por seres oscuros que pueblan la ciudad y que bajo la oscuridad de la madrugada celebran su propio Mardi Grass.

En cada rincón de la ciudad se deja respirar ese aire esotérico y fantasmal que llena de realismo mágico esta ciudad casi sumergida entre sus pantanales mortíferos mientras el serpenteante Mississippi va reptando sigiloso como otro de sus seres de oscuridad.

Ustedes se preguntarán qué hace un ateo, materialista y racionalista de naturaleza escéptica hablando de estos temas. Pues yo también me lo pregunto. Lo cierto es que, a pesar de la modernidad que ha echado raíces en el Nuevo Continente producto de la Revolución Industrial y de la reciente revolución informática, América sigue siendo tierra de contrastes; un continente donde lo imposible convive y coexiste con lo posible. Continente mestizo donde han convergido culturas de todo el mundo para crear una nueva realidad cultural, tan original y tan latente en sus expresiones artísticas y populares.

No puedo decir que mi interés por la cartomancia surge a partir de esta visita obligatoria que hice en las tierras del Jazz y adentrarme un poco en las profundidades del complejo sudeste de Estados Unidos, tan rico en relatos mágicos y en tradición oral. Desde muy joven, casi desde niño, la cartomancia ha sido una especie de territorio oculto al que me he sentido atraído a pesar del pensamiento lógico occidental que he ido cultivando gracias a mi educación europeizante. Con todos los estímulos que es capaz de ofrecer New Orleans al visitante, el deseo de conocer y comprender los oscuros senderos del lenguaje del tarot se ha reavivado, así que sin pudor alguno puedo decir que este es uno de los legados que me ha dejado la maravillosa inmersión que tuve entre las venas mismas de esta ciudad nacida a partir del más miserable de todos los comercios: el de los esclavos.

Más que detenerme a observar a las pocas adivinadoras de la fortuna que todavía se ven alrededor de la Jackson Square, mi inquietud surgió al visitar el establecimiento comercial que se ubica en la antigua casa de Marie Laveau, la bruja más célebre de esta ciudad. Fue ahí donde conseguí —más por curiosidad de turista— mi tarot afrobrasileño, a propósito de la simpatía que siento por las culturas afrocubana y afrobrasileña. Entonces, recuerdo con simpatía el día aquel al que asistí a una sesión espiritista en el barrio popular de Luyanó, en La Habana, donde fui testigo de algunos fenómenos paranormales que acaecieron durante el desarrollo de esta reunión. Recuerdo también con simpatía cuando la vidente me dijo que el espíritu de una gitana me acompañaba y protegía, y que ese espíritu era el mismo que me impulsaba a aventurarme en los viajes que realizaba.

Pero más allá de este hermoso discurso esotérico que me ha llevado poco a poco a reconciliar mi propia versión racionalista con una más oscura y caótica que emerge de los abismos del inconsciente, me he dedicado estos días a estudiar el mundo del tarot. Debo confesar que este estudio, que comenzó como un pasatiempo, me ha sorprendido de manera mayúscula en dos aspectos. El primero de ellos, el uso terapéutico del tarot; y el segundo y el más fascinante de todos, el descubrimiento de un lenguaje que, desde mi punto de vista, merece convertirse en objeto de estudio de lingüistas y semiólogos.

En relación con el tarot como método terapéutico no me atrevo a afirmar ni a descartar la efectividad de la lectura en una tirada porque eso corresponde más bien al mundo de las creencias. Lo que sí es cierto es que, ya sea por sugestión o por fe, las personas que consultan tarotistas pueden llegar a experimentar una especie de catarsis y al mismo tiempo revitalizar sus esperanzas; pues, más allá de sus pretensiones predictivas, de alguna manera consiguen conocerse mejor y comprender los problemas que las aquejan.

En estos días me he dedicado a escuchar el discurso de tarotistas en YouTube y he podido observar en los comentarios la sensación de mejora que se observa en las personas luego de que escuchan una sesión. Es como si les quitaran un peso de encima. En ese sentido, la mal llamada brujería es tan efectiva como la «brujería positivista» empleada por los psicólogos occidentales. Y llamo a estas prácticas —tanto de tarotistas como de psicólogos— brujería no en el sentido despectivo que ha utilizado la religión cristiana y hasta la misma ciencia para condenarlas, sino porque al fin me parece que constituye un tipo particular de saber que se ha transmitido oralmente y que ha subsistido hasta hoy precisamente por los efectos reconfortantes que han producido en sus seguidores. Que puede ser una droga más para evadir la realidad, por supuesto, pero no es más nociva que las drogas legales que a diario consumimos en la civilización occidental.

Más fascinación me produce el tarot cuando se le puede estudiar como un sistema de comunicación conformado como un código con cierto grado de discrecionalidad y que ha ido evolucionando a lo largo del paso del tiempo. Pero como este es un artículo que ya se va haciendo muy extenso, el análisis de este código quedará para una segunda entrega.

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2 Respuestas a "Mi interés detrás del tarot (I)"

  1. Muy bueno Leo! Vivir aquí sin un cierto balance entre la racionalidad y la magia no es posible. Me encantó el artículo y espero la segunda parte. De paso te invito a revisar, si no lo has hecho ya, el I Ching.

    1. Raul de la Horra dice:

      Excelente, Leo! Comparto tu visiøn de la psicoterapia y su paralelismo con las artes y creencias esotéricas. Ambas llevadas al extremo, pueden enfermar en lugar de ayudar a sanar, como cualquier medicina, por lo demás. Muy bellas y cautivadoras descripciones del New Orleans negro y mestizo, que yo conicí. Esperamos la segunda parte!

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