Leer (la vida)

La generación de los hechos

lissete-e-lanuza-saenz_-perfil-casi-literalHace no tantos años —diez, veinte— los hechos eran un asunto más complicado. No porque fueran menos verdad ni nada por el estilo, sino porque, en general, eran más difíciles de verificar. No es posible saber de todo y por más que uno lea y se documente, la verdad es que, al menos una vez al día, alguien dirá en alto un hecho que no conocemos y sobre el cual no nos sentimos capaces de opinar.

Nuestros padres quizás lo hubieran hecho basándose en una combinación de intuición y sentido común, más confiados de lo que ahora podemos estar nosotros de que, equivocados o no, la mayoría de la gente probablemente tendría la misma —mínima— posibilidad de verificar la información proporcionada. Eso era antes. Seguir leyendo

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Tinta blanca

Libras de libros

Angélica Quiñonez_ perfil Casi literal-240x240En la era de los remakes, franquicias y celebridades repentinas de un video viral, está claro que tanto los discos como las películas se producen primordialmente para vender. El público es cada vez más demandante, con una memoria menos ágil y una mayor variedad para elegir cómo gastar su dinero. Y los artistas, lógicamente, corresponden con los productos creativos que la gente quiere. No por nada tenemos una avalancha de nostalgia y hedonismo en los medios. La novedad es una moneda extremadamente volátil.

Y parece que esta moneda entró al negocio editorial: el más vendido del año pasado fue (la trágicamente mediocre) Harry Potter y el legado maldito. La lista de títulos más vendidos de Business Insider reúne los «nuevos clásicos»: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, Los cinco lenguajes del amor…, algunos libros para niños, la Constitución estadounidense, la guía para los SATs y el texto (¡teatral!) del mago Potter con una sola obra literaria: Matar a un ruiseñor. Seguir leyendo

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Ni un gramo de épica

Playlist 3

cesar-yuman_-perfil-casi-literalCorrer puede ser uno de los actos más importantes de la vida y quizás tan bello como soñar o besar. Asimismo, es sabido por todos que, en los últimos años, esta actividad ha tenido un auge inesperado por muchos en Guatemala, especialmente por los que corrían solitarios desde tiempos prehistóricos. Claro, hay quienes con distintos propósitos lo han convertido en una actividad fashion, pero no son estos corredores los que deseo destacar.

En una conferencia en la universidad o en algún lugar que he olvidado, una psicóloga explicaba las patologías más comunes de las personas e indicó que una de ellas es correr, pues quien corre, según dijo, lo hace para escapar, para olvidar. Eso ya lo sabía y me pareció genial escucharlo de una mujer tan sutil. Correr es un desafío contra uno mismo y creo que ha sido algo inherente a mi vida a pesar de que con el tiempo he tenido que dejar los caminos durante ciertas temporadas por disímiles razones. Sin embargo, con el videotape de los años he notado una evolución sobre el asfalto y la terracería: una generación insospechada de corredores, y eso me da cierta esperanza. Seguir leyendo

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Luz indómita

Manchester frente al mar

dulcinea-gramajo_-perfil-casi-literalEl próximo 26 de febrero se celebrará la 89 edición de los Óscar. Basándome en el número de nominaciones, la crítica y los premios obtenidos hasta el momento, todo indica que la favorita para llevarse el máximo galardón a mejor película es el musical La la land que por cierto, aún no he podido ver por falta de tiempo. O quizá solo sea la excusa para esconder el poco entusiasmo que despiertan en mí los musicales. Sin embargo, me tomé un tiempo para ver Manchester frente al mar, del director Kenneth Lonergan, que también está nominada a mejor película y a cinco categorías más.

Al comenzar a ver esta película llegué a pensar que se trataba de una especie de comedia negra. Un tipo llamado Lee Chandler (Casey Affleck) es conserje de un complejo de edificios habitacionales en la ciudad de Boston.

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Malabares & amalgamas

Del Facebook a la crítica literaria

Diana Vásquez Reyna_ Perfil Casi literal«Y esto lo escribiré para mi propio placer,

Pero esa frase me inhibe: porque si uno escribe sólo para su propio placer, no sé qué sucede. Supongo que la convención de la escritura
queda destruida».

Virginia Woolf

¿De qué nos sirven los intelectuales que solo aman los libros? ¿Para qué sirve esa gente brillante? ¿Para escribir, editar, armar libros que pocos leerán y aún menos recordarán? ¿Para no sentirse superficiales? ¿Para decir que ya han plantado un árbol, tenido hijos y que solo les faltaba el libro?

En los círculos de escritores y en algunos chats de Facebook surgen discrepancias alrededor de la crítica literaria. Hay posturas que la detestan y la desdeñan y otras afirman que falta hacer crítica. De esos extremos se originan otro tipo de malestares, como quién es capaz de hacer crítica y para qué hacerla. Seguir leyendo

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La hecatombe

La dictadura literaria en el teatro (I)

LeoPara muchas personas es común pensar que la literatura es un arte mayor y el teatro un arte menor. Aunque hoy esta clasificación de las artes nos parezca anticuada, basta revisar gran parte de la tradición dramatúrgica occidental para darnos cuenta de que la idea probablemente no sea tan desfachatada como parece. Lo cierto es que no se puede negar que el teatro ha sido, en muchas ocasiones, un lacayo de la literatura, pero esta aseveración —con la que no estoy de acuerdo, por supuesto— no solo se intenta justificar con la desproporción existente entre narradores y poetas en relación con la de dramaturgos, sino también por el hecho de que el teatro occidental se ha ido llenando de palabras y ha perdido su esencia: la acción.

Para apoyar esta tesis tan solo es necesario hacer una revisión somera en la dramaturgia canónica occidental, desde los griegos hasta entrado el siglo XX. Cualquiera puede caer en la cuenta que el teatro se llenó exageradamente de palabras y, paulatinamente, el texto fue desterrando la acción dramática. Seguir leyendo

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Entre hedonistas

Las manos, sus manos

Rubí_ Perfil Casi literalTodo comenzó con mi obsesión por la forma de las manos. Lo primero que dibujé cuando fui estudiante de arte fue una mano informe. Pese a que el resultado ponía en evidencia lo mucho que necesitaba practicar, guardé ese dibujo por años como un amuleto. Y es que cuando pienso en milagros pienso en manos. No, mi afán nada tiene que ver con la quiromancia o con alguna filiación religiosa en particular. Mi apreciación es estrictamente contemplativa o sentimental. De usted depende.

Recuerdo las manos de mi padre, su textura áspera, callosa y su color moreno tostado; manos de jardinero. Sus caricias rasposas lo eran todo para mí. Cuando sus manos se enfriaron y soltaron las mías, una parte de mí (quizá la mejor) se fue amarrada a ellas. De la misma forma, las manos de mi madre conservan el calor de su ternura rígida. Me gusta estrechar su mano delgada y ver cómo las mías se parecen cada día más a las suyas. Al fin tenemos algo en común. Seguir leyendo

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