Yo, madre sobreprotectora

Por JAVIER STANZIOLA | EXPULSANDO A LUPITA

“Por ahí dicen que el teatro cambia vidas, una aseveración fucsia vomitiva que borda en lo religioso. Mucho de lo que se muestra en escena no es más que una excusa para hacer dinero de la necesidad de escapar brevemente de nuestra realidad; sin embargo, la puesta en escena de esta obra me hizo entenderme mejor y también al hijo que estoy criando”.

El soldado paraguayo y su infierno verde

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Me levanté del sueño con una especie de sobresalto, recordé la guerra donde yo era soldado y pensé en José Marín Cañas, en por qué había descrito ese infierno verde con tal maestría y precisión”.

Memorias mínimas

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Las relecturas son lo más cercano que tenemos a una máquina del tiempo. Los libros dejan algo en nosotros, pero más comúnmente dejamos algo nuestro en ellos. Es tan humano rehusarse a olvidar: esa debe ser la razón por la que existe el papel. En la novela El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy, la infancia se parece más a una tierra de nadie.

Bien pilas o bien mula

Por JAVIER PAYERAS | INTERZONAS

“Voy a tratar de explicar la diferencia entre ser «bien pilas» y ser «bien mula» en nuestra sociedad guatemalteca y de eso talvez podemos sacar algunas conclusiones”.

La vida de cristal de Sylvia Plath

Por DLIA MCDONALD WOOLERY | LENGUA DE SALAMANDRA

La tarde en que descubrió el libro que Assia Wevill le regaló a su esposo, después de que ella quemara los anteriores, supo que era tiempo: volvió a Londres con sus hijos, alquiló un piso donde había vivido W. B. Yeats y el 11 de febrero de 1963, enferma y con poco dinero, Plath se suicidó asfixiándose con gas.

Pero antes fue Prudencia

Por RICARDO COREA | DEL TERCERMUNDO

En 1930, cuando Prudencia Ayala intentó postularse, las mujeres no podían ni siquiera ejercer el sufragio.

Yemen: una guerra sin cámaras

Por DARÍO JOVEL | FLORILEGIO DE UNA MEMORIA ACCIDENTADA

Yemen lleva más de tres años en una cruenta guerra civil a tres bandos. Los muertos se cuentan en decenas de miles, los desplazados en centenas de miles y los afectados en millones. Un país estero se está muriendo y apostemos que usted, querido e indiferente lector —que cree que el mundo se reduce a su feed Facebook— no sabía nada. Los responsables de una guerra son quienes la hacen y quienes se encargan de que nadie más se entere.