Inadaptar La liga extraordinaria


Decir que el libro es mejor que la película es un lugar común y, a mi juicio, poco interesante. Muchas veces ignoramos las dificultades de adaptar una obra escrita a un medio audiovisual, con las limitaciones de tiempo y presupuesto que eso conlleva. En el afán de ver nuestra experiencia literaria reproducida fielmente en la pantalla tendemos a menospreciar el trabajo y la dedicación de los grandes artistas que le apuestan a esta difícil tarea. Si bien ha habido muchos intentos honestos y rescatables, La liga extraordinaria (2003), basada en la novela homónima de Alan Moore y Kevin O’Neill, nos ofrece una lección de cómo no se debe hacer.

La liga extraordinaria es una novela gráfica. Las críticas mixtas a películas como Hellboy, 300, From Hell y Blade contradicen la intuición de que esto facilita su adaptación. Hablando específicamente del trabajo de Moore se me viene a la mente la experiencia de Watchmen, novela considerada inadaptable hasta que Zack Snyder y Warner Bros lo intentaron, para decepción de muchos. Más allá de los problemas técnicos de estas películas, la inevitable decepción se debe a que el cómic no es simplemente una novela ilustrada, sino un medio único que conlleva su propio mensaje.

Con todo esto en mente podemos perdonar a La liga extraordinaria por no capturar el flujo narrativo, la expresividad ambiental o las caracterizaciones vivaces que solo una estructura de paneles coloreados y globos de texto nos puede dar. A su vez también debemos ser capaces de perdonar los cambios en la trama que un nuevo medio necesariamente exige. Después de todo, la misma novela de Moore toma personajes existentes como Alan Quartermain o el capitán Nemo y los pone al servicio de una historia completamente nueva.

Lo imperdonable de La liga extraordinaria se puede reducir al pésimo manejo de la productora. El guion no responde únicamente a las demandas del medio como ya lo hemos dicho, sino al deseo de la 20th Century Fox de crear un éxito taquillero PG-13. Se eliminan aspectos oscuros y violentos del cómic para dar paso a clichés cómicos y románticos, y se insulta la inteligencia de la audiencia al dejar la compleja exploración del alma victoriana a un nivel estético y expositorio. Por si fuera poco, los personajes (tan interesantes por cuenta propia) apenas son desarrollados porque el estudio se rehusó a mover la fecha de estreno después de que el set se inundó.

Algunos aspectos de la película como la actuación, los efectos especiales y la premisa prometen mucho, lo cual vuelve el resultado final todavía más frustrante. En entrevistas con el director Stephen Norrington y el actor Sean Connery se puede ver que alguna vez hubo un proyecto ambicioso, pero toda decisión artística fue subordinada a una comercial.

Lo que ofende de esta película y otras de su tipo no es tanto que se busque ganar dinero, sino que se haga a costa de obras maestras. Que se aleje a tantas personas de una propiedad artística gracias a descuidos evitables. Años más tarde Cristopher Nolan demostraría que la integridad artística y el éxito comercial no siempre están peleados y que se puede hacer una gran película respetando el material fuente. Talvez, por desgracia, La liga extraordinaria nos llegó demasiado temprano.

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