El soldado paraguayo y su infierno verde

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Me levanté del sueño con una especie de sobresalto, recordé la guerra donde yo era soldado y pensé en José Marín Cañas, en por qué había descrito ese infierno verde con tal maestría y precisión”.

Conversación con Miguel Ángel Rodríguez (I): Las abuelas

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

La abuela Lupita se saldría con la suya ya que el niño de cinco años cumpliría a cabalidad con el mandato al llegar a ser adulto, convirtiéndose en el cuadragésimo tercer presidente de Costa Rica y en el octavo secretario general de la OEA.

Yolanda, o la reina de belleza (II)

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

Las dos mujeres que intelectualmente más he admirado en la vida coincidieron en 1933 en un concurso de belleza. Yolanda Oreamuno no es un mito, tampoco el personaje de una novela de Sergio Ramírez.

Yolanda, o la belleza como esqueleto del pensamiento (I)

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Yolanda Oreamuno se adelantó a su propio tiempo y logró una madurez estilística que todavía no ha sido alcanzada por ningún escritor o escritora costarricense”.

Para recomponer la ficción democrática

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“En aquellos días todavía no pesaba la incertidumbre que se vive ahora en Nicaragua, donde la libertad de expresión está oprimida casi en su totalidad. Pero ya los árboles de hierro que desde entonces había sembrado el matrimonio Ortega-Murillo sobre cemento anunciaban la crisis de un pueblo entero”.

Los zapatos de Claudia Dobles

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Por un momento pensé en llevarme a mi casa los zapatos de la primera dama de Costa Rica, para investigarlos mejor (en aquel momento nadie lo hubiera notado), además le habría dejado los míos, así no habría tenido que irse irse a «pata pelada», como habría dicho mi abuela”.