Lo bueno, lo malo y lo feo del fandom


Lissete E. Lanuza Sáenz_ Casi literalSer fanático de algo solía ser una cosa más o menos lineal. Te gustaba algo y, fuera cine, televisión o libros, antes era posible consumir solamente lo que nos gustaba y ya. Con el tiempo, sin embargo, la idea de comunidad comenzó a dominar el fanatismo individual y todos (o al menos, los que no nos resistimos) pasamos a conformar grupos de personas que compartían los mismos gustos. Una comunidad que, en inglés, se conoce como fandom.

En la superficie, la idea es genial. No hay nada más divertido que compartir las cosas que nos gustan con otras personas que de igual manera disfrutan de lo mismo. Esta es la parte buena y tiene numerosas aristas, como la posibilidad de crear trabajos ancilares basados en la película/programa/libro que nos apasiona. Desde escritores hasta artistas visuales, las comunidades de fanáticos son capaces de aportar mucho y crear tributos estupendos.

Sin embargo, para todo lo bueno hay algo malo. Mientras más gente disfruta de algo, mayor es la comunidad que intenta sentar reglas sobre cómo se debe disfrutar ese algo. Desde personajes preferidos hasta ideas tabú, las comunidades de fanáticos son capaces de determinar cómo se procesa y se disfruta de una cosa, para bien y para mal. Y, como todo en esta vida, también son capaces de tener reacciones desmesuradas cuando sus expectativas no se alinean con la realidad.

Así llegamos a lo feo. Ser fanático de algo debe ser divertido, pero muchas veces el problema con percibir algo desde el punto de vista de una comunidad significa que uno queda atrapado en el círculo vicioso de lo que esa comunidad desea. ¿Son los gustos individuales o determinados por las ideas de grupo? ¿Y las reacciones?

Muchas veces el fanatismo puede ser llevado a extremos. Uno puede disfrutar de algo, pero eso no significa que uno tenga algún de tipo de control sobre lo que disfruta. Cuando vemos un juego de futbol, por más que le gritemos a la televisión o al técnico, lo hacemos con el entendimiento de que nadie nos hará caso. Sin embargo, el fandom llevado al extremo les hace pensar a algunos fanáticos que tienen derecho a decidir qué pasará en su película, programa o libro favorito.

No hay reglas que dicten cómo ser fandom. Disfrutar de algo en comunidad no significa que uno tenga que estar atado a las reglas ajenas sobre cómo ser fan de algo. La mejor manera de disfrutar cosas —en solitario o en comunidad— es entendiendo que nadie tiene derecho a decirle a otra persona qué le puede gustar, o las razones por las que debería gustarle algo. Tan simple como eso.

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