Impeachment: las mujeres que Bill Clinton abusó


Javier Stanziola_ Perfil Casi literalEsta semana terminó Impeachment, la nueva serie de Ryan Murphy sobre el abuso de poder por parte del expresidente de Estados Unidos, Bill Clinton (interpretado por Clive Owen) hacia la joven pasante Mónica Lewinsky (interpretada por la nueva estrella de Broadway y Hollywood, Beanie Feldstein).

Luego de ver veinte minutos del primer episodio me comencé a sentir muy incómodo. La prometida «historia de crimen americano» no me estaba ayudando a desconectarme de las tensiones diarias. No era entretenida. No era una caricatura de los Clinton, como me habían advertido los críticos de televisión del norte. Al contrario, Impeachment me estaba causando ansiedad y no sabía por qué. Casi al final de la serie, en una poderosa escena. la experiencia vivida de Juanita Broaddrick, violada por Bill Clinton, fue demeritada y calificada de irrelevante en menos de un minuto por un grupo de hombres en saco y corbata, y relegada a un pie de página en un reporte al Congreso. Fue entonces que entendí mi ansiedad. Finalmente me di cuenta de que Impeachment es una denuncia sobre el sometimiento que los hombres mantienen sobre las mujeres. Quisiera decir que es un sometimiento que quedó convertido en un fósil en el siglo pasado, pero estaría mintiendo.

A pesar del gran esfuerzo actoral de Clive Owen por hacernos entender las motivaciones de Clinton, no cabe duda de que para Murphy el expresidente no es más que un monstruo. Esto se establece claramente desde el principio de la serie, haciendo altamente redundante el personaje del que alguna vez fue el hombre más poderoso del mundo. Ese espacio en la trama Murphy se lo entrega por completo a Linda Tripp (interpretada con gran empatía por Sarah Paulson), a Mónica Lewinsky y a Paula Jones (la maravillosa Annaleigh Ashford).

Para mí, como hombre que comenzó su adultez en los noventa, ver Impeachment es darse cuenta de que no te has dado cuenta de que las mujeres son los peones del sistema. Y no es solo darte cuenta: Impeachment te hace sentir cómo ellas se sienten.

Solo hay que ver la escena donde Tripp, quien secretamente grabó muchas de las conversaciones telefónicas que mantuvo con Lewinsky, ve una parodia que hacen de ella en Saturday Night Live. Allí está Tripp, un sábado en la noche, sentada en el sofá con sus dos hijos adolescentes viendo el show que millones de estadounidenses ven religiosamente los sábados pasada las 11 de la noche. Tripp espera una parodia sobre Lewinsky y manifiesta que ojalá la traten con bondad. Lo que ve, con sus hijos, es a un John Goodman (un actor que en esa época era conocido por su sobrepeso y alta estatura) portando una peluca curtida y un vestido y maquillaje grotesco, imitándola y destruyéndola sin compasión. Estoy seguro de que yo vi ese hiriente intento de comedia y me reí como un desajustado.

Está la escena donde Lewinsky, para evitar ir presa, tiene que revivir en cruel detalle cada contacto físico y sexual que mantuvo con Clinton. Ella repite constantemente que estaba enamorada del presidente, pero al relatar cada soplido de Clinton, sus ojos llorosos y su creciente palidez gritan carroña. Al conseguir el testimonio que necesitaba, la abogada la deja sola sin una sola palabra de aliento y sin ofrecerle apoyo psicológico.

Y allí está Paula Jones siendo utilizada como un peón por grupos de mujeres de la derecha estadounidense, además de su esposo y sus abogados. Paula parece no tener voz ni voto sobre su cuerpo ni sus ideas, pero sí unos enormes ojos que creen con gusto en la bondad de los extraños que buscan aprovecharse de ella.

Ya han pasado más de veinte años de este escándalo. Clinton y su esposa aún siguen siendo considerados líderes del partido demócrata de Estados Unidos, liderando fundaciones y prometiendo luchar por los derechos humanos. Mientras tanto, las mujeres que Clinton abusó aún siguen esperando justicia.

[Foto de portada: FX Networks]

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