Marie Curie y la era de la simpleza


Gabriela Grajeda Arévalo_ perfil Casi literalVivimos en la era de la simplificación: todo debe ser simple o debe tener una explicación escueta. También vivimos en la era de las frases enlatadas y de la hipocresía. Nos han vendido que los seres humanos debemos ser «sencillos» y que está mal que sintamos o incluso que lloremos. Nuestra vida debe resolverse como en las instrucciones de un mueble de IKEA cuando en realidad somos seres complejos y nuestros sentimientos no siempre pueden ser explicados como en un diccionario. Por esta razón hay un pánico generalizado en que seamos absurdos o complicados, como si eso no fuera parte de nuestra esencia.

Lo cierto es que en este mundo han vivido personas, hombres o mujeres, que han transgredido esa etiqueta social. Gente que se ha quedado en la tierra y la ha modificado para siempre. Así fue Marie Curie.

Por ello, mientras veía la cinta protagonizada por Rosamund Pike llamada Radioactive (2020) solo podía pensar en el carácter y la determinación que se necesita para romper con los esquemas sociales que nos obligan a tomar el rumbo que debe tener la vida. No sé qué hubiera pasado si, tal y como se vislumbra hacia el final de la película, Marie Curie hubiera viajado al futuro y hubiera visto las catástrofes que hizo la humanidad con su descubrimiento: desde tirar la bomba atómica en dos ciudades japonesas —a las que hoy los presidentes estadounidenses solo llegan con su sonrisa a pedir perdón— hasta el desastre de Chernóbil que a la fecha sigue matando seres humanos. Aunque también cabe mencionar que también están los tratamientos contra el cáncer que han curado a millones de personas y que se sirven de la radiación. ¿Habría continuado investigando Marie Curie de haber sabido todo lo anterior?

La cinta se centra en el drama de las mujeres, por supuesto, porque las investigaciones fueron primordialmente de Marie y el que recibió el primer Nobel fue su esposo. Pero yo rescato —más allá del discurso de género que ya he mencionado en otras oportunidades en esta revista— la parte que habla del complemento entre un hombre y una mujer. No cabe duda de que, cuando se dejan de lado los sentimientos que surgen del orgullo y del miedo, la gente solo es gente y su naturaleza es la misma aunque pasen los siglos. Por eso me maravillo de las historias de faraones egipcios, la de los romanos o la de los mayas; y pienso que seguimos siendo lo mismo aunque hayan cambiado las circunstancias que vienen de la mano del tiempo.

La historia de Marie Curie es la de una mujer excepcional que supo construir un equipo junto a su pareja. Entonces el filme deja sobre la mesa una paleta de sentimientos inexplicables que tiene la protagonista y que oscilan entre la determinación hasta la soledad de una persona incomprendida y adelantada a su tiempo. Por ende, pese a su indiscutible genialidad, la puesta en escena sobre la vida de esta mujer le deja una estela de afinidad al espectador porque no es distinta a la de otras mujeres que lucharon por encontrar un lugar en el mundo; pero con esto último no solo me refiero a la injusticia o marginación social debido al género, sino al papel que tiene ese ser humano complicado, hecho de partes buenas y de partes malas, hecho de tiempo y de vivencias, de amor, odio o locura que no intenta desligarse de su complejidad sino que la abraza y la entiende porque es parte de su ser.

La vida es eso: una amalgama de situaciones complejas que vamos resolviendo o no. Y de eso se trata vivir y ser humano.

[Foto de portada propiedad de: Mondadori Portfolio]

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