Bolivia aún sueña con el mar


Darío Jovel_ Perfil Casi literalBolivia nació con salida al mar y con un territorio casi dos veces más grande que el actual. Este hecho ha servido (sobre todo en tiempos recientes) para hacer propaganda con fines de cosechar votos. Esta peculiar narrativa alude a que este país en el centro de Sudamérica fue víctima de una guerra injusta donde los chilenos se apropiaron de sus tierras, pero la realidad fue muy diferente. La guerra del Pacífico (1879-1883) —cuyo desenlace fue la pérdida de las únicas tierras bolivianas con acceso al mar— la inició Bolivia, no Chile.

Bolivia tuvo un acuerdo comercial con Chile para la explotación del salitre en suelo boliviano. Este tratado permitía a compañías chilenas llevar a cabo sus labores de explotación bajo una condición fiscal favorable, pero el Estado boliviano irrespetó el acuerdo y cobró más impuestos. Las empresas se negaron a pagar más mientras el acuerdo original estuviera vigente, por lo que Bolivia nacionalizó estas empresas y Chile alegó que aquel acto era ilegal.

Como era de esperarse, el gobierno boliviano ignoró las misivas chilenas, por lo que Chile avanzó con tropas hacia Antofagasta sin tener resistencia en el camino. Una vez liberados los bienes chilenos en la ciudad las tropas enviaron una carta para solicitar al gobierno boliviano que la situación fuera llevada a un arbitraje internacional, pues solo de esa forma estarían dispuestos a salir de su territorio. Bolivia volvió a ignorar esta solicitud, declarando la guerra a Chile y de paso arrastrando a Perú al conflicto (país con el que había firmado un pacto años antes). Bolivia perdio la guerra y con ello el acceso al mar.

Evo Morales llevó el caso a la corte internacional de La Haya, pero esta le dio la razón a Chile. La narrativa explotada por Morales obviaba decir que fueron ellos quienes irrespetaron un acuerdo comercial de forma unilateral, se negaron a una solución diplomática y declararon una guerra que a la larga perdieron. Estos aspectos de la historia no los enseñan ni siquiera en los colegios bolivianos, pero el tiempo acabó por darle una esperanza a Bolivia.

Pedro Castillo, presidente actual de Perú, declaró recientemente que estaba dispuesto a hacer una consulta en algunas ciudades del sur del país para cederle algunos territorios a Bolivia. Mientras que en La Paz la noticia fue recibida como una profecía cumplida, en Lima fue vista como un acto vergonzoso.

Es muy difícil que Pedro Castillo logré su cometido y aún más difícil, por no decir imposible, que Chile haga algo similar. Cada vez es más difícil que Bolivia vuelva a tener acceso al Pacífico, pero esto, si bien puede representar una cuasi tragedia legendaria para los bolivianos, para sus políticos siempre será una oportunidad de vender la promesa siempre anhelada de recuperar el mar. Bolivia aún sueña con el mar, pero para bien o para mal, esto nunca dejará de ser un sueño.

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