El día que Pinochet salvó a Allende de un golpe de Estado


Darío Jovel_ Perfil Casi literalSí, usted leyó bien el título. No, no es joda. De verdad pasó. Sucede que unos meses antes del 11 de septiembre de 1973 a Salvador Allende ya lo habían intentado sacar del palacio de La Moneda. En junio de aquel año un puñado de oficiales orquestaron un golpe de Estado tan mal organizado que ni siquiera revisaron si los tanques con los que asaltaron las calles de Santiago eran funcionales, motivo por el cual no pudieron usar sus cañones. Un grupo de militares leales al presidente intentaron hacerles frente, pero la situación no acabó por declinarse en contra de los golpistas hasta la llegada de las tropas de Augusto Pinochet, quien hasta se abrazó con Carlos Prats (otro de los generales leales a Allende) en las afueras de La Moneda. A aquel episodio se le llamó «Tanquetazo». Puede buscarlo así en Google, hasta hay un artículo en Wikipedia.

Hay que tener en cuenta que en ese momento nadie podría imaginarse que solo unos meses después Pinochet sería quien llevaría a cabo un nuevo (y ahora exitoso) golpe de Estado. Mucho menos el propio Allende, quien luego del Tanquetazo lo nombró secretario de Defensa. Los dos se volvieron amigos, o quizá, sería mejor decir que Allende se volvió amigo de Pinochet.

Cuando se habla de traiciones en la historia esta debería ser de las primeras. Tanto era el cariño que le tomó Allende a Pinochet que durante el golpe de septiembre envió a varios hombres de su guardia para asegurarse de que el general estuviera bien. En el momento en que se percató de quién dirigía todo, ¿qué pudo haber pensado? ¿Qué sentimiento había llegado a él? Si bien jamás se sabrá esa respuesta, el final de Allende quitándose la vida nos puede decir algo al respecto, solo, ya sin ninguna posibilidad de evitar lo inevitable y con uno de sus confidentes de máxima confianza (quien unos meses antes le había salvado) vuelto en su contra.

Judas recibió treinta monedas de plata, Benedict Arnold unas mil libras esterlinas, Brutus (el que dio la apuñalada definitiva a Julio Cesar) las últimas palabras de su padre; Pinochet, por su lado, recibió un país. Una historia de traición que parece sacada de una novela pero que es parte de la memoria de Chile.

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