El problema del eterno contrario


Darío Jovel_ Perfil Casi literalAhí donde cien griten «azul» otros cincuenta dirán «rojo» y si unos desean visitar la playa, siempre estarán los que propongan ir a la montaña. Lo que acabo de decir puede parecer un sinsentido (quizá lo sea), pero hagamos el ejercicio mental: ¿qué pasa si en una habitación colocamos a una docena de personas y les hacemos preguntas controversiales en las que solo puedan responder «a favor» o «en contra»?

Inevitablemente surgirán polos opuestos, pero dado que las personas no pueden brindar una respuesta a fuera del «a favor» o «en contra», tarde o temprano la situación entre las doce personas acabará en violencia del algún tipo. Si obligamos a dos personas con ideas contrarias a llegar a un acuerdo, pero nos negamos a reconocer cualquier solución que se encuentre en una posición intermedia entre ambas posturas, solo lograremos producir dos enemigos. Últimamente parece que desarrollamos una enfermiza afición por irnos a los extremos y negarnos a salir de ellos. Esto genera problemas, dado que en una sociedad en la que los conflictos aspiran a solucionarse mediante un consenso entre las partes, si ninguna de estas está abierta a la posibilidad de estar equivocada, todo intento de dialogo está condenado al fracaso.

¿Cuántos debates insufribles hemos visto en internet? Tristemente, esto es demasiado común hoy en día. Parece que cada semana nos polarizamos más. Los grandes foros y conversatorios parecen ser, o bien espacios donde todos piensan igual y todos dicen lo mismo, o cuasi peleas callejeras entre necios que creen tener la verdad absoluta en sus manos y que viven como si hubieran resuelto todos los misterios de la historia.

¿Qué tan difícil será hablar con alguien que piensa de forma opuesta y hacerlo aceptando la posibilidad de que él tenga razón y nosotros no? En un mundo ideal, yo digo «a», fulano dice «b» y, luego de presentar argumentos e intercambiar ideas, acabamos coincidiendo en un punto «c», que inevitablemente estará más de su lado o del mío, pero ambos habremos aprendido y nuestra noción de realidad se habrá acercado más a la verdad de lo que originalmente había. Es una verdadera lastima que en estos tiempos esa situación ideal se haga cada vez menos posible.

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