Lo que trajo la vuelta al mundo


Darío Jovel_ Perfil Casi literal«Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que, sin embargo, parece una aventura de la imaginación». De esta manera empieza el discurso de aceptación del Nobel de Literatura por parte de Gabriel García Márquez, aquel segundo marinero del que hablaba, Fernando de Magallanes, fue quien, más o menos por accidente, protagonizó el primer viaje alrededor del mundo.

El propósito original de la expedición de Magallanes era abrir una ruta comercial que no pasará por los territorios controlados por los portugueses (irónico, ya que el propio Magallanes era portugués). La Corona española dio el visto bueno para empezar el viaje el 10 de agosto de 1519 partiendo desde Sevilla. Originalmente el viaje iba a rodear América, llegar a Asia y dar la vuelta; no obstante, luego de varios problemas en los que se descubrió el estrecho que ahora lleva su nombre, decidieron seguir adelante, ignorando las órdenes provenientes desde Madrid.

Magallanes y los suyos fueron los primeros europeos en llegar a las Filipinas (llamada así en honor al infante Felipe, que es el título oficial de los hijos de los reyes españoles). Fue en ese lugar donde Magallanes perdió la vida. Un oficial suyo, Juan Sebastián Elcano, quien concluyó el viaje.

Pero ese deseo de rodear el mundo y conocer lo que se ocultaba más allá del horizonte no nació con Magallanes, ni con Colón. Aquel sentimiento se gestó en casi todas las civilizaciones de todas las épocas. Desde los gigantescos barcos del almirante Zheng He que pasaron por todo el mar de la China meridional y llegaron hasta las costas de Somalia, hasta las expediciones que, desde Oriente Medio y Grecia que partieron hacia la India, o los Incas que recorrieron Oceanía.

El camino al descubrimiento del mundo no estuvo exento de catástrofes. El proceso involucró la destrucción de culturas enteras y la extinción de flora y fauna nativa, pero ello no le resta valor a las descripciones de las crónicas de los exploradores y comerciantes sobre sus diversos viajes. Fue en estos viajes que nacieron muchos mitos, platillos gastronómicos y tradiciones.

La pizza, por ejemplo, a pesar de ser un platillo italiano, la pasta la llevó Marco Polo desde china y los tomates solo crecían en América; y sin embargo es italiana. Los tacos, aun siendo de México, tienen su origen en Medio Oriente. Esos dos ejemplos son solo una muestra (medio tonta, si quieren) de cómo poco a poco lo «autóctono» hace años no lo es, al menos no estrictamente. En casi todas partes se puede hallar algo, una comida, una prenda o una expresión que, para hallar sus raíces, hay que rodear el planeta.

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