Apuntes para la identificación de una poética heideggeriana (II): La importancia de la poesía en el pensamiento heideggeriano

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Heidegger dio una gran importancia al quehacer poético y su relación ontológica con la existencia humana, sobre todo luego de la publicación de Ser y tiempo. El papel que Heidegger le confiere tiene un carácter fundante. Esa es una de las conclusiones a las que llega en el epílogo de El origen de la obra de arte (1936). En dicho texto, Heidegger relaciona cualquier manifestación artística con la poesía en tanto que en la obra de arte obra el acontecer de la verdad. La poesía, que es el arte que toma por materia al habla, y siendo la esencia del habla el “Decir” desocultador descrito en el apartado anterior, tiene por esencia el desocultar. Esta relación es reafirmada en Hölderlin y la esencia de la poesía, donde el enfoque de su pensamiento es más radical hacia el lenguaje y su relación con el Ser. Se ocupó también de estos temas en textos breves como Y para qué poetas (1946), en el que realiza un estudio similar, relacionando conceptos de la poesía Rilke con algunos conceptos inherentes a su filosofía. El análisis del lenguaje es autorreferencial en Heidegger, y varios de los temas dejados como hipótesis en algunos de los textos son retomados con posterioridad con una profundidad mayor.

En ¿Y para qué poetas?, Heidegger afirma que “el ámbito esencial del diálogo entre el poetizar y el pensar sólo puede ser descubierto, alcanzado y meditado lentamente”.  Si lo caracteriza como algo difícil e inusual, ¿por qué asumir la poesía como punto de partida, para el pensamiento? ¿De dónde surge esta preocupación? ¿Por qué tomar el riesgo de incorporar el lenguaje poético de Hölderlin a la consciencia lingüística de su propio pensar?

Esta valoración ontológica que Heidegger hace del lenguaje poético es un hecho deliberado para afianzarlo. Como concluye Óscar Martiarena en su ensayo Martin Heidegger: en camino a la poesía, la valoración obedece a uno de los objetivos propuestos para la segunda parte de Ser y tiempo, que se titularía Tiempo y ser. Este objetivo es el de la “destrucción” de la historia de la ontología, que serviría para salvar las barreras que se interponen al interrogar mismo y poder acceder a la formulación de la pregunta que interroga por el ser. Esta segunda parte de Ser y tiempo nunca llegó a su concreción (o llego de forma parcial y fragmentaria, con los ensayos breves publicados después de 1936). La razón: Heidegger no pudo ejecutar la vuelta del pensamiento con el habla de la metafísica. No encontró “a la mano” un decir distinto al de la metafísica de la representación, que le permitiera consumar la primera parte de su obra. Es posible que, como afirma Gadamer, citado por Martiarena, la incorporación del lenguaje poético de Hölderlin (de forma privilegiada) y otros poetas como Rilke, Novalis, Trackl, y Goethe, haya obedecido a la búsqueda de un lenguaje diferente, que proporcionara a su pensamiento un “firme suelo y fundamento” para su preguntar. En el mismo ensayo aparece la siguiente cita de Gadamer:

“Y ciertamente, Heidegger, en un punto decisivo de su pensamiento, el punto de la “vuelta”, se arriesgó conscientemente a incorporar el lenguaje poético de Hölderlin a la conciencia lingüística de su propio pensar. Lo que de este modo le fue posible decir, constituye, para ese preguntar suyo que se remonta por detrás de la metafísica, el firme suelo y fundamento sobre el cual encuentra positiva satisfacción su crítica del lenguaje de la metafísica y explicita toda destrucción de los conceptos tradicionales”.

¿Quién es Carlos González?

 


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