Lecturas fotográficas

Por JAVIER PAYERAS | INTERZONAS

La historia contemporánea se escribe con imágenes. Es una manera de interpretar la sociedad en que vivimos dándole trascendencia a lo que podría escapar de las palabras. Sin embargo es la mirada detrás de la lente la que permite el acceso a esa verdad.

Vincent y Freddie: luz y sombra de dos genios (II)

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

Es cierto que —a diferencia de Van Gogh— Freddie Mercury en vida vio legitimado su talento y enaltecida su capacidad creativa, pero siempre hubo una constante: una insatisfacción indisoluble dentro de su propia condición humana.

El fetiche de la tristeza

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

El problema de enamorarte de un personaje literario (o cuasi-literario) es que tarde o temprano te das cuenta de que su vida se termina cuando cierras la contratapa. Romantizamos a los enfermos mentales, a los suicidas y a los violadores porque nos hacen creer que nuestra tristeza nos convierte en algo más hermoso que patético.

La puerta a la eternidad número 4 (I)

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Qué importa si es cierto que los contemporáneos de Van Gogh lo hayan superado en técnica y composición: su legado va más allá de las comparaciones estéticas y de las tragedias artísticas”.

La grandeza de nosotros, los inútiles

Por DARÍO JOVEL | FLORILEGIO DE UNA MEMORIA ACCIDENTADA

“Creo fervientemente que Van Gogh fue un idiota por cortarse un trozo de oreja y no uno de su corazón”.

El problema de profesionalizar el arte (II)

Por LEO DE SOULAS | LA HECATOMBE

Una licenciatura en arte debería implicar un enfoque más investigativo y propositivo, porque mientras esto no ocurra, los productos artísticos seguirán siendo objetos decorativos innecesarios para satisfacer los caprichos de élites burguesas o no pasarán de ser meros artículos al servicio del entretenimiento.

¿Quiénes realmente fomentan la cultura en Honduras?

Por LINDA MARÍA ORDÓÑEZ | SÍLABA VIVA

El gobierno de Juan Orlando Hernández, presidente ilegítimo de Honduras, se empeña en mostrar al artista como un simple entretenedor, llevándolo a la decadencia e incluso al desprestigio.