La muerte lenta de los videojuegos


Rodrigo Vidaurre_ Casi literalOriginalmente los videojuegos fueron concebidos como una forma de entretenimiento, destinados a ofrecer diversión y emoción a jugadores ávidos de desafíos digitales. Desde los simples píxeles del arcade hasta los mundos tridimensionales de las consolas modernas, la evolución técnica ha sido impresionante. Sin embargo, en este proceso de crecimiento tecnológico, ¿se ha perdido algo en el camino?

La historia de los videojuegos está marcada por una serie de hitos que han influido en su desarrollo. Los años dorados de los juegos arcade dieron paso a la era de los 8 y 16 bits, donde la jugabilidad era el principal motor. Pero con la llegada de la PlayStation original y sus competidores presenciamos un cambio gradual hacia la narrativa más elaborada y los mundos detallados. Los juegos comenzaron a adoptar tramas complejas, personajes profundos y cinematografía interactiva.

La influencia del cine y la literatura se hizo cada vez más evidente con juegos que aspiraban a contar historias épicas y explorar temas profundos. Aparecieron títulos como The Last of Us y Red Dead Redemption, en los que la jugabilidad pasa a segundo plano y las narrativas y diálogos se roban los reflectores. Los gráficos de vanguardia permitieron a los desarrolladores crear mundos cada vez más realistas, dejando atrás los mundos fantásticos y coloridos de eras pasadas.

¿Cómo pasó esto? En gran parte se puede atribuir al cambio en la dirección de la industria de los videojuegos. En lugar de ser impulsada por la creatividad y la pasión por el juego, la industria ha sido tomada cada vez más por grandes conglomerados empresariales cuyo principal objetivo es maximizar las ganancias. Esto ha llevado a una homogeneización del mercado donde los juegos son diseñados para apelar a las masas en lugar de satisfacer las necesidades de los jugadores más exigentes.

Por otro lado, el ascenso de intelectuales con maestrías en fine arts dentro de la industria ha contribuido a este cambio de paradigma. En su afán por elevar el medio a la categoría de arte respetable, los escritores y diseñadores de videojuegos abogan por una mayor sofisticación narrativa y visual a expensas de la jugabilidad. En lugar de enfocarse en crear experiencias gratificantes, se han obsesionado con la idea de que los videojuegos deben ser tomados en serio y abordar temas profundos y complejos.

El resultado es que muchos juegos modernos sacrifican el gozo en aras de la narrativa y los gráficos impresionantes. Se han vuelto cada vez más lineales y cinematográficos, limitando la libertad del jugador y relegándolo a un mero espectador en lugar de un participante activo en la experiencia de juego. En lugar de desafiar la creatividad y la destreza del jugador, muchos juegos modernos simplemente lo guían de una escena a otra, sin ofrecer verdadera interactividad o reto.

Si bien la escena indie representa una esperanza de que el videojuego vuelva a ser apasionado, divertido y un poco absurdo, las grandes ganancias de los juegos AAA apuntan en la dirección contraria. El futuro de los videojuegos dependerá en gran medida del tipo de contenido que los consumidores estemos dispuestos a pagar.

Foto de portada: propiedad de la desarrolladora de videojuegos Naughty Dog]

Ver todas las publicaciones de Rodrigo Vidaurre en (Casi) literal

¿Cuánto te gustó este artículo?

Califícalo.

5 / 5. 3


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

desplazarse a la parte superior