Entre la verdad y la mentira (I)


Ingrid Ortez_ Casi literalEl poder de las palabras y las imágenes es enorme. En un mundo que avanza terriblemente rápido entre signos e imágenes, la verdad y la mentira van danzando como un barco en plena tormenta. No sabemos hacia dónde vamos realmente.

La capacidad de mentir y de inventar historias provocó que el ser humano desde lo mágico creara sus propios mitos y religiones para autojustificarse y explicarse todo lo que no entendía. Curiosamente, fueron estas mentiras las que dieron nacimiento a una gran cantidad de héroes, dioses y supuestas verdades absolutas.

La capacidad de mentir nos diferencia de otras especies. Hablo de esa capacidad de crear, contar historias e interpretar los hechos desde nuestra propia perspectiva —como los historiadores— y creerlas olvidando el contexto, el sesgo y las circunstancias que rodean al hecho mismo. Así es como vamos construyendo historia. Las sub-religiones cristianas, por ejemplo, cada una dice tener la verdad en torno a un mismo personaje y sobre ello establecen sus propios parámetros, excluyendo al resto cuando no profesan y siguen su propia verdad; de esta forma condenan hasta el punto de limitar los derechos fundamentales del ser humano y deciden sobre la vida de otros.

Los políticos, dependiendo de sus intereses, van por la vida defendiendo su verdad que cambia de mano según quien esté financiando la campaña. La gerencia con los medios inclinará la balanza del que esté pagando más. El hombre para ganar terreno y mantenerse en el poder buscará decir lo que más le conviene. La mujer para manipular en muchas ocasiones también dirá lo que sea posible para lograr su propósito.

Según los psicólogos, todos, en algún momento del día, decimos algo que no es del todo cierto. Jean-Jacques Rousseau siglos atrás afirmó que «El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe». Crecemos en un sistema de valores y creencias que censuran, controlan, limitan e impiden que nos cuestionemos nuestra realidad.

O quizá en nuestra naturaleza yacen las dos formas, el bien y el mal, y en el camino vamos decidiendo la que más conviene.

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