Los LGBTIQ+: mejor borrados que no rezados


Javier Stanziola_ Perfil Casi literalEn su libro Erased, Marixa Lasso plantea que el colonialismo gringo en su versión de principios de siglo XX se encargó de borrar la historia de países como los nuestros.

La herramienta de aniquilación más poderosa utilizada por los estadounidenses en esa época fue hacernos creer que nuestra vida republicana es joven (cuando desde el siglo XIX las élites locales se han encargado de utilizar su versión de este sistema para tratar de conseguir y mantener el poder), que nuestra tecnología mejoró con el apoyo del ingenio blanco (cuando solamente era diferente) y que nuestro sistema económico era ineficiente (cuando simplemente era tan despiadado como el de los yanquis).

Leer Erased es altamente incómodo. Cada página derrumba la narrativa del criollo perezoso, parrandero y pastoril que los gringos se encargaron de construir en mi cabeza mediante películas ganadoras de Óscars, textos publicados en revistas académicas de prestigio y modelos económicos que mis estudiantes tienen que recitar para sacar una A.

Y así como borraron esa parte de nuestra historia ahora están editando nuestra relación con los derechos humanos. Resulta que son los blancos del norte quienes nos han enseñado cómo se manejan estos temas a pesar de que muchos de los forjadores de la Declaración Universal de Derechos Humanos fueron nativos del sur, incluyendo al panameño Ricardo J. Alfaro.

Uruguay —no Estados Unidos ni el Reino Unido— fue uno de los primeros países en el mundo en legalizar el voto femenino. Fueron Haití y México los que lideraron los movimientos de abolición de la esclavitud. Pero las películas ganadoras de Óscars y reportes científicos nos hacen creer que ellos, desde allá arriba, nos están dando lecciones sobre derechos humanos.

Esto explica, en parte, que las campañas por el reconocimiento y valoración de los derechos de las personas LGBTIQ+ se basen en actividades y principios de los salvadores norteños, incluyendo esa ahumada obsesión con la inclusión de los LGBTIQ+ en instituciones de opresión como lo son la milicia, los comerciales de Smirnoff y la tan comodificada Pride. Al pintarlos como modelos borramos la realidad de que gran parte de la institucionalización del homo-odio (porque no nos tienen miedo; nos odian) ha sido producto de la evangelización de los católicos y protestantes de España, el Reino Unido y Estados Unidos.

Al llegar a América (sin el Latino-, pues eso también es una forma de borrar lo que somos) estos salvadores utilizaron un par de extractos de la biblia (con minúscula, y así darle a este libro el lugar que se merece) para borrar la humanidad de millones de personas y conseguir clientes que paguen el diezmo metálico y político con el cerebro apachurrado.

Sin embargo, en los últimos diez años los gobiernos conservadores han descubierto que muchos electores no valoran esta campaña de «buenismo» disfrazada de derechos humanos. Al contrario, mientras más crueldad cocinan al aire libre, más músculo político desarrollan.

Muestra de ello es el anuncio de la Reina Isabel de que la pronta prohibición de terapias de conversión en el Reino Unido respetará el «derecho de rezar». Igualmente, los terapistas religiosos serán protegidos y podrán explorar cualquier opción que sus clientes planteen en sus consultas. O sea, si yo voy a un terapista evangélico y expreso querer dejar de ser gay, el terapista podría administrar la tortura de conversión.

Todo esto lo hacen bajo la vinagrosa excusa de la libertad: otra herramienta blanca para oprimir a los que no son como ellos. Según los religiosos libertarios del Reino Unido encabezados por el guapito homofóbico Peter Lynas de la Alianza Evangélica, una persona que quiera ser célibe es libre de recibir apoyo espiritual si así lo desea. ¿Por qué no darle ese derecho a los LGBTIQ+?

Según este norirlandés de curioso cabello canoso, eliminar la opción de rezar para borrar tu orientación e identidad sexual sería un atentado contra los principios que fundamentan la civilización occidental; es decir, la opresión de los más débiles. Como parte del culto a la libertad, este anuncio que salió de la boca de la Reina Isabel repite la mentira de que el problema no es la quemada religión ni la obsesión de los políticos de mamar poder un día más, sino que…

El problema eres tú.

La homosexualidad la borras tú.

Así lo escuchan miles de personas LGBTIQ+ que se suicidan y así lo escuchan miles de religiosos de cerebro apachurrado que asesinan a personas LGBTIQ+.

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