La evolución y los elefantes


Darío Jovel_ Perfil Casi literalSe dice que en la naturaleza la especie que le gana la batalla al tiempo es aquella que logra adaptarse a los cambios. Siendo diezmados por la caza furtiva, a los elefantes se les ocurrió una brillante idea: nacer sin colmillos. Es cierto: los elefantes jamás se reunieron para decidir al unísono que, a partir de ese momento, todos empezarían a nacer sin colmillos; sin embargo, la constante caza hizo que los que tienen más probabilidades de reproducirse sean aquellos que, por algún error genético, nacen sin ellos. Eventualmente ese «error» se va a volver más general hasta que, dentro de relativamente poco, es probable que todos los elefantes pierdan sus colmillos.

Este efecto se empezó a ver en Mozambique y sobre todo en las hembras. Evidentemente esos colmillos no los tienen por casualidad. Hay varias actividades, sobre todo relacionadas a la búsqueda de agua y alimento, para las cuales los colmillos son especialmente útiles. No obstante, también es evidente que los elefantes poco a poco se pueden adaptar a esa vida sin colmillos, hallando soluciones alternas como, por ejemplo, ocupar mayores territorios; esto porque, ante la ausencia de colmillos, un menor porcentaje de la comida es aprovechable.

Esto nos enseña varias cosas, entre ellas, la forma en la que nuestro actuar ha moldeado la forma en que muchos animales interactúan con el mundo y cómo se han adaptado a nosotros. No se trata, ni mucho menos, de una mera casualidad. Muchos pájaros han visto reducidos sus tamaños y los perros hoy por hoy son casi incapaces de volver «a la naturaleza» sin que en el proceso ocurra una extinción masiva (muchos de ellos están olvidando cómo se debe cazar). Las vacas y ovejas han reducido el tamaño de sus cerebros y, dado que los humanos en las granjas suelen velar por su seguridad, se han vuelto más torpes para huir de depredadores; y algunos especímenes hasta pierden su sentido de peligro.

En definitiva, saber que la naturaleza se ve obligada a arreglar problemas que nosotros mismos creamos debería ser para nosotros un motivo de vergüenza. Mientras esas reflexiones ocurren (si es que ocurren) solo queda esperar al día en que se les diga a los niños: «¿Sabías que antes los elefantes tenían colmillos?», y esperar que para entonces el concepto de elefante no se haya convertido en el de un ser mitológico.

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