Una guerra por el agua en el Nilo


Darío Jovel_ Perfil Casi literalEl río Nilo les da vida a pueblos enteros que de él dependen y para él viven. A sus orillas se formaron las primeras civilizaciones de África y el mundo. Hoy está llevando a dos naciones al borde de un conflicto armado.

Etiopía está construyendo una represa valuada en miles de millones de dólares, la cual será alimentada por el Nilo; sin embargo, las naciones que comparten el río no están nada felices con esa decisión. La represa podría detener su flujo, haciéndole perder el 90% de su suministro de agua, siendo Egipto el más dependiente del Nilo y, por ende, el más afectado. Sin embargo, Etiopía tampoco puede «echarse para atrás», pues aparte de todo el dinero ya invertido, depende de esa infraestructura para proveer de energía eléctrica a la mayor parte de su población y combatir así la pobreza.

Egipto y Etiopía llevaban años negociando, pero en los meses recientes la diplomacia fue un esfuerzo vano y ahora son las amenazas y las provocaciones las que salen a relucir. Con el fin de entender mejor la situación, imaginemos a dos familias vecinas que ante una amenaza natural deben huir de sus hogares, pero para ello solo hay un auto que no pertenece a nadie, simplemente estaba allí. Por otro lado, cada familia va en direcciones totalmente opuestas, cerrando la posibilidad de viajar juntas. Resulta evidente que en tal contexto habrá ganadores y vencedores, y será imposible satisfacer las necesidades de ambas familias debido a la escasez de un recurso.

No es una rareza que dos países se muestren los dientes, pero la dificultad por hallar un punto medio hace que cada vez las susodichas amenazas se vuelvan más reales. ¿Cuál debería ser el límite? Situaciones como esta reabren el debate sobre hasta qué punto el desarrollo puede edificarse por encima del bienestar de otros. Ahora ambos países se sienten en medio de la espada y la pared, donde: o dan el primer golpe, o se resignan a morir sin luchar.

También es una muestra de lo que ocurre cuando una parte está, de antemano, completamente cerrada a la postura de la otra. El conflicto debe hallar una solución y, con las vías pacíficas cerradas —ya sea por falta de voluntad o por una necesidad innegociable—, la violencia se abre paso como la candidata predilecta. Esto no solo no es extraño, sino que en la naturaleza y en la historia misma suele ser la norma.

Este tema recibe muy poca cobertura en los medios de comunicación y lo más probable es que siga así hasta que haya algún disparo, pues solo así las noticias se ponen interesantes. Sin embargo, tal y como mencionaba antes, la situación no es un mero desacuerdo comercial: se trata de dos países con intereses y objetivos que, individualmente, son totalmente legítimos, pero incompatibles entre sí. La solución puede estar entre un pedazo de papel con unas cuantas firmas o teñir el Nilo de rojo.

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