Retazos humanos_ Casi literal

Retazos huamanos


Por LEO DE SOULAS | LA HECATOMBE

Tal parece que la mayoría de los mortales comunes sufrimos de una hipermetropía que no nos deja distinguir los visos y tonalidades de la realidad.


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LeoPareciera que esa tendencia hiperbólica de vivir en los extremos es típicamente humana. Alcanzar un punto de equilibrio es tan errático para las personas que, cuando alguien es poseedor de esa habilidad, pasamos desapercibida su opinión por nuestra ineptitud para comprenderla.

Nos han educado de manera que pensamos que el mundo puede estar solamente en blanco o en negro, o que a lo mucho, habrá algunos matices grises. Vamos así por la vida creyendo que el mundo se divide en buenos y malos, bonitos y feos, ricos y pobres, derechistas e izquierdistas, heterosexuales y homosexuales, normales y anormales, escépticos y dogmáticos. Tal parece que la mayoría de los mortales comunes sufrimos de una hipermetropía que no nos deja distinguir los visos y tonalidades de la realidad.

Nos rehusamos a ver las complejidades en los fenómenos, porque para nosotros es más cómodo abrazar los marcos de referencia que otros ya han establecido y aferrarnos a ellos como si fueran verdades últimas, incapaces de ser modificadas. De ese modo, optamos por una visión reduccionista y valoramos los prejuicios que refuerzan los valores del grupo al que creemos pertenecer o la posición que hemos aprendido a defender.

Equilibrio tampoco quiere decir jugar a complacer a dios y al diablo, dar una de cal y otra de arena, hacer una proeza camaleónica para quedar bien con aqueos y troyanos, confeccionar un collage ecléctico con posturas de distinta naturaleza o cocinar un Frankenstein con retazos multicolores de diferentes telas. Cabe aclarar que, entre políticos, demagogos, oradores y líderes abundan este tipo de sabandijas. Pero esta actitud aparentemente conciliadora es común también en la jerga periodística, entre las figuras públicas que se cuidan mucho de herir susceptibilidades a través del arte de la elocuencia que bordea en la hipocresía.

En el fondo, más que por convicciones, las personas nos movemos por intereses. Más que articular un sistema coherente y regido por la construcción intelectual lógica, yuxtaponemos y acumulamos argumentos que configuramos a nuestro capricho cuando tratamos de defender nuestro punto de vista. Somos tan volubles que terminamos entrampados en las garras de las emociones, y entre más nos dejamos afectar por ellas, más irracionales nos volvemos. Tenemos un espíritu altamente competitivo, por lo que ganar —en cualquier esfera humana— se convierte en una caricia para nuestra vanidad y en una oportunidad de mejorar nuestro estatus.

Pero además existen aquellos personajes que recurren al silencio inescrutable. Abusando de la prudencia, en un afán de aparentar sabiduría se pasan callados la vida entera, como observadores, hasta que logran desdibujarse. Talvez muchos no tengan qué decir y ese disfraz de búho sabiondo es la mortaja bajo la cual se protegen. A otros los dominará el miedo que pulula a sus espaldas y se pasarán la vida preocupados por poder equivocarse. Este tipo de personas pueden llegar a ser inquietantes porque se cuidan mucho de delatar cualquier gesto que en realidad ponga al descubierto sus verdaderas motivaciones.

Contrario a estos personajes están los parlanchines baladíes, con una verborrea increíble, capaz de tener una opinión de los asuntos más ligeros hasta los grandes temas metafísicos, aunque siempre sean abordados desde la superficie. Estas personas centran su valor en el lucimiento personal y desean impresionar a sus congéneres. Por ser tan extrovertidos, su temperamento suele ser predecible. Entre este grupo suelen estar los charlatanes, vendedores, falsos profetas y demás alimañas que usan su verba como vitrina.

Por supuesto que estos tipos nunca pueden considerarse como tal en estados únicos, aunque siempre habrá quien encaje mejor en una categoría que en la otra. De hecho, para no caer en el mismo vicio que aquí señalamos, cabría pensar que el ser humano también puede llegar a sorprendernos al ofrecer una amalgama mejorada de estas tipologías o abriendo paradigmas nuevos a la conducta humana.

En fin, divagando es como uno viene a caer a este tipo de reflexiones que pueden llegar a ser apasionantes y que tendrían aplicación práctica en muchos ejemplos reales.

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