Escritores panameños contemporáneos (III): Pedro Crenes Castro


Conozco a Pedro Crenes Castro de esa manera casual que tienen los artistas —y particularmente los escritores, a mi parecer— de conocerse sin conocerse de verdad. Pasa mucho en Panamá, donde hay mucha gente que coincide en numerosos círculos académicos o literarios, se conoce, se saluda, pero no son realmente amigos. Sin embargo, asegurar que no conozco a Pedro sería casi igual de falso que decir que sí lo conozco. Nos hemos tomado un café y hemos conversado sobre literatura, pero no somos amigos.

O quizás sí lo seamos, pensándolo bien, cuando recuerdo haber leído Microndo, un libro de microficciones publicado en 2014. En ese tiempo no conocía a Pedro, pero iba recogiendo libros de cuentos por doquier como quien colecciona estampillas o monedas. Alguien me había dicho tiempo atrás que mi problema —como si solo tuviera uno— era que no leía suficiente literatura panameña y quizá por eso pasé muchos años intentando probar que esa persona estaba equivocada.

Pero no lo estaba, claro. Lo suficiente no existía entonces ni existe ahora. Pero cuando uno lee por obligación moral o intelectual, como yo lo hacía en aquellos tiempos, no disfruta todo lo que lee. Sin embargo, disfruté Microndo, eso sí lo recuerdo. Lo disfruté casi sin querer porque el libro tiene suficiente sutileza para sacarte una sonrisa sin que te des cuenta y suficiente destreza para engancharte por más que te resistas. El libro fue uno de los pocos que se ganó un lugar permanente en mis repisas y yo no olvidé al escritor.

Años después, Pedro Crenes Castro ganaría cosas más importantes que el espacio en mi repisa; por ejemplo, el mayor triunfo local para un autor de literatura panameña: el Premio Ricardo Miró, en 2017, en la categoría de cuento, con la obra Cómo ser Charles Atlas; y en 2019, en la categoría novela con la obra Crónicas del solar. Para entonces ya conocía —o creía conocer— lo que me esperaba cuando tuve estos libros en mis manos por primera vez. También ya conocía a Pedro dado que, por alguna razón, mi mente había relacionado mi experiencia lectora de Microndo con la voz amena y la sonrisa permanente de su autor.

Me mudé hace poco y no tengo muchos libros en mi nuevo apartamento —mientras más libros tiene uno, más complicado es encontrar un librero adecuado—. Algunos pocos escritores se vinieron conmigo porque no podía dejarlos. Pedro Crenes Castro fue uno de ellos. Y aunque nunca he tenido la oportunidad de decirle esto en persona ojalá ustedes también puedan conocerlo como lo conocí yo: leyendo sus libros. No hay mejor forma de conocer a un escritor.

Y si luego de esto lo llegan a conocer en persona, díganle que todavía tengo esa copia de Microndo que compré hace bastantes años. Y díganle que, cuando el editor de esta columna me preguntó qué escritores contemporáneos panameños recomendaría yo, su nombre fue uno de los primeros que se me vino a la mente.

[Foto de portada, propiedad de: Casa de América]

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