Etiqueta: Jane Austen

No es más elevado el que lee a Borges, nadie nació con una lista de libros bajo el brazo y otras cuestiones de la petulancia intelectual

No es más elevado el que lee a Borges, nadie nació con una lista de libros bajo el brazo y otras cuestiones de la petulancia intelectual_ Casi literal

Por GABRIELA GRAJEDA ARÉVALO | DIVERGENCIAS

Poco le importan al joven de 18 años las palabras rebuscadas o los símiles dantescos si el libro lo aburre. Si la trama no llena el ritmo vertiginoso de su inquietud y de su época.

Dicen que los libros de ahora están escritos para gente que no lee; yo en cambio, opino que son libros para gente que lee lo que quiere leer.

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Mujercitas (o la virtud de los clásicos)

Mujercitas (o la virtud de los clásicos)

Por ANGÉLICA QUIÑONEZ | TINTA BLANCA

Lo que quizá hemos olvidado en esas anticuadas Mujercitas es el amor seguro y considerado que las mujeres formamos cuando no existen etiquetas para las gordas, las estúpidas, las zorras, las creídas, las mantenidas, las santurronas, las ridículas o las intensas.

¿Ya existe la novela del siglo XXI?

Por LEONEL GONZÁLEZ DE LEÓN | PASEO NOCTURNO

Hoy, con la oferta abrumadora de series de televisión —ya no solo en televisión per se sino en la computadora o en el celular—, con el bombardeo de imágenes y videos en las redes sociales, y cuando no hace falta ir a la venta de discos o llamar a la radio para escuchar la canción favorita, ¿aún hay autores que tienen el tiempo para sentarse a escribir durante meses o años un proyecto de varios miles de cuartillas?

Manual para ser cursi

Recientemente me he percatado de un fenómeno que al parecer ronda en varios blogs y ciertas columnas de opinión. Supongo que es un fenómeno discursivo pobremente externado, o quizás solo un agotamiento de ideas: he encontrado demasiados artículos acerca del concepto del amor. Y no me refiero a un estudio antropológico ni literario sino al

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En deuda con Virginia Woolf

“Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Virginia Woolf Después de haber leído Una habitación propia llegué a la conclusión que todas las mujeres del mundo sin excepción (y quizá los hombres también) estamos en deuda con Virginia Woolf.

Encubiertas

Al estar frente a la computadora sin saber sobre qué escribir, agobiada por una lluvia de ideas, empiezo a pensar en todas esas escritoras que con sus primeras novelas no lograron más que el rechazo, para luego convertirse en grandes novelistas como las conocemos hoy. Tampoco puedo dejar de pensar en qué hace que una

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