Conversaciones con un joven poeta (con tu permiso, Rilke)


Por MICHELLE JUÁREZ | TIEMPO PERDIDO

«Ojalá fuera exageración, pero no. La prueba es que a tus dieciséis años y sumergido en la burbuja en la que estás (mea culpa) ya te has dado cuenta de nuestro alto índice de natalidad, producto de las violentas desigualdades de nuestra sociedad».

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Michelle Juárez Casi literal—¿Por qué en Guate las mujeres tienen tantos hijos? ¿Nadie les dice que ya no cabemos en el mundo? Parece que hicieran concurso. ¡¿Sabés que la señora que ayuda en la casa de Luis Felipe tiene siete patojos?!

—Mijo, es una situación compleja. Creo que una respuesta rápida sería que en Guatemala hay poco acceso a la educación.

—¿Pero aprendiendo a leer y escribir las mujeres ya no tienen más hijos?

—Cuando a las niñas se les permite estudiar, generalmente descubren su talento y buscan convertirse en profesionales. Entonces ya no piensan que casarse y tener hijos es lo único que pueden aspirar en la vida. Pero en Guatemala todavía vivimos en una sociedad machista bajo un sistema patriarcal que reprime a las mujeres. Por eso, muchos hombres todavía nos ven solo como esposas y madres sumisas a quienes pueden dominar. En muchas familias a las niñas se les obliga a quedarse en la casa para ayudar a limpiar, cocinar y cuidar de los hermanitos. Y también sucede que los niños tienen que ayudar a su papá a trabajar. Así que, a tu edad, ya se unieron con alguna chavita o solo la embarazan sin hacerse responsables.

— Neee, estás exagerando.

— Ojalá fuera exageración, pero no. La prueba es que a tus dieciséis años y sumergido en la burbuja en la que estás (mea culpa) ya te has dado cuenta de nuestro alto índice de natalidad, producto de las violentas desigualdades de nuestra sociedad.

—Pero ya ves que yo no quiero tener hijos y no me parece fuera de lo común que mis amigas estudien.

—Claro, pero tú formas parte del escaso porcentaje de jóvenes guatemaltecos con el beneficio de una familia clasemediera que puede darle educación a sus hijos.

—Jajajaja, pues con gusto le cedo mi privilegio a alguien más y ya no voy a estudiar.

—Jajajaja, hacelo broma y te tomo la palabra. Me caería bien un poco de ayuda. ¿En qué te gustaría trabajar? ¿Como ayudante de albañil, lavando carros o te pongo algún tu puestito para que vendas algo por ahí? Andá y decile a doña Jose, la señora que ayuda en la casa de Luis Felipe, que le daré el dinero que invierto en tu educación para que una de sus hijas estudie.

—Mmmmm, lo pensaré…

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