Tenemos que hablar del Snyder Cut


Angélica Quiñonez_ Perfil Casi literal 2Creo que es seguro decir que todos fuimos expuestos a por lo menos un contenido de superhéroes cuando éramos niños. En mi caso, esto se traduce a las caricaturas de los Súper Amigos y la serie sesentera de Batman. De chica, recuerdo que los héroes eran inocentes, tiernos, sinceros y no tan casualmente cómicos. El crimen era tema de payasos, monstruos marinos y mujeres-leopardo, retirado de la realidad de los mareros, los narcos y los violadores.

Christopher Nolan finalmente trajo al mainstream las historias adultas de superhéroes con sus dilemas del poder, la justicia y la paz. Poco a poco se callaron las bromas sobre el spandex y la ropa interior invertida, dejaron de ser ñoños los que leen historietas. Se ofrecieron (y en ocasión se repartieron) Óscares para The Dark Knight, Logan, Suicide Squad y Black Panther. Los críticos hablaron hasta el cansancio sobre la vigencia y efectividad con que algunas historias exploran los paradigmas sociales, raciales, económicos y hasta sexuales.

Al menos en papel, DC Comics siempre me ha parecido más épico que Marvel. Su tratamiento filosófico de los personajes los acerca más a la ópera que a los blockbusters: es más Peer Gynt y menos Robocop, y acaso por eso han fracasado tantos intentos por traer las historias al cine. Batman v. Superman y Justice League son fiascos históricos que pretenciosamente tratan de acaparar el valor de entretenimiento del MCU mientras balbucean grandilocuencias. Por eso, cuando el milagro de los hashtags resucitó el Snyder Cut de la peor película de equipos de superhéroes, con cuatro horas de duración, una banda sonora distinta y un total rediseño de la trama y el villano, me fue imposible resistir.

En resumen, Zack Snyder’s Justice League tiene una historia mejor articulada y desarrollada que su predecesora: mayores tensiones, personajes más cautivadores y momentos genuinamente emotivos. De hecho, Snyder introduce algunos argumentos existenciales mucho más interesantes que los chistes sordos, predecibles y sexistas de Joss Whedon. Ya escuché a varias personas decir que esta es una épica que finalmente trata a los superhéroes con dignidad, pero me atrevo a decir que hay una falla fatal en esa lógica. Y es la misma falla que existía desde Man of Steel y su deplorable secuela, ambas producciones dirigidas por Snyder.

El drama central de Man of Steel es si el héroe tiene o no la responsabilidad de mover un solo dedo en favor de la humanidad. También propone que el héroe superpoderoso tiene la potestad de juzgar dónde está la virtud de una especie que no puede servirle de ninguna forma, que no tiene la obligación de doblegar su identidad y voluntad a los seres mediocres en el nombre de un código moral. Y si esto suena a un mamotreto que disfraza a Superman de John Galt es porque lo es. Snyder cree que la mejor manera de subvertir el subtexto mesiánico de esta historia está en las cansadas argumentaciones de Ayn Rand.

Hoy no vengo a desarticular la insidiosa y fatua filosofía del objetivismo. Sin embargo, quiero recalcar que su dogma sobre la virtud del egoísmo contradice descaradamente la mitología de DC Comics. Ni Superman, ni Batman, ni Wonder Woman, ni Flash (y acaso ni siquiera El Guasón) han posicionado sus motivaciones en el valor de su independencia y moralidad propia. Las emociones, lutos, errores y heridas nos acercan como audiencia a estos semidioses, alienígenas y millonarios que renuncian a su complacencia en favor de los más débiles. Por supuesto que no es una decisión racional: es una cuestión de fe en nuestra especie. Y por eso es bastante estúpido que Snyder haya desperdiciado esta oportunidad regurgitando sus héroes estoicos e intocables que están totalmente desconectados de la humanidad.

Dudo que haya vigencia o ingenio en esta proposición, especialmente cuando las producciones animadas de DC han traído historias mucho, mucho, mucho más cautivadoras sobre el heroísmo. A fin de cuentas, DC se muere por repetir la emoción obsesiva del MCU y sigue fracasando por decisiones como esta que eliminan la vulnerabilidad de sus protagonistas en lugar de subvertirla, retarla o al menos parodiarla. Es por eso que nadie viendo el Snyder Cut gritará con la euforia de ver a Thor entrando en Wakanda. Mientras DC no se atreva a explorar más de lo man y menos de lo super, prefiero que mi recuerdo de sus personajes se quede en el pasado.

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