Ministerio de Cultura de Panamá: ¿para qué y para quién?

Javier Stanziola_ Perfil Casi literalLa Comisión de Educación, Cultura y Deporte de la Asamblea Nacional aprobó recientemente en segundo debate la ley que crea el Ministerio de Cultura, incluyendo un artículo que dictamina que sus ingresos no serán menores al 1% del Presupuesto del Estado. Sin duda, y como corresponde a nuestro sistema democrático, esta nueva entidad reflejará los compromisos de campaña del gobierno entrante. Igualmente, el Ministerio deberá tomar en cuenta las necesidades de desarrollo profesional y la precariedad laboral de los artistas y gestores culturales locales, pero esto no debe ser obstáculo para que los ciudadanos y residentes del país permanezcan al centro de la formulación e implementación de políticas públicas culturales. El porqué y el para qué de este Ministerio deben ser siempre las personas, en particular las que sus derechos a la participación cultural y artística son vulnerados por razones geográficas, sociales y económicas.

Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo. La política cultural se mantiene arraigada a conceptos de construcción de nación por la psicología mágica de los símbolos patrios y por narrativas románticas de artistas inspirados en musas inexistentes. El enfoque en las personas nos obliga a derribar churrientos muros ideológicos y redefinir conceptos resbalosos: ¿qué queremos decir por cultura y quién define qué es cultura? ¿Qué campos constituyen las artes? ¿Dónde participan y consumen cultura y arte los ciudadanos y residentes? Y, con limitados recursos, ¿cómo podemos garantizar a todas las personas el derecho a la cultura? O para ser más precisos, ¿a quién priorizar cuando se diseñan políticas públicas, culturales y artísticas?

Pero por muy compleja que sea la tarea, el nuevo Ministerio debe demostrar no solo que ha nacido, sino que está despierto a las necesidades de las personas que representa. Una política cultural debe enriquecerse de consultas con artistas, gestores culturales, sociólogos, historiadores, antropólogos, arquitectos, empresarios, científicos, obreros, jubilados y banqueros, entre otros. Estas consultas deben estar informadas por estudios y datos sobre la oferta, además de participación y consumo cultural. Sin esta información, nuestras políticas culturales seguirán siendo víctimas de la inercia alimentada de familia y santos.

A pesar del mito sobre la inexistencia de datos relacionados a cultura y arte, en los últimos diez años se ha comenzado a crear en Panamá una red de información sobre este tema. El Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) incluye preguntas sobre las industrias culturales en su encuesta a empresas no-financieras y en su encuesta de propósitos múltiples. Estas sugieren, por ejemplo, que 7 de cada 10 panameños no tiene internet en sus casas. Sería valioso que los tomadores de decisiones del futuro Ministerio manejaran estas cifras para informar a los que sugieren que a corto plazo “debemos crear políticas culturales para la era de teatro digital en casa”.

Por su parte, los datos del Instituto Nacional de Cultura sobre participación y asistencia a las más de 60 organizaciones que administra cubren cuatro años solamente, de 2011 a 2015. A pesar de esta lamentable periodicidad, las cifras son reveladoras. Por ejemplo, en 2015, un solo museo, el Museo de Arte Religioso Colonial, recibió el 52% de todas las visitas registradas a museos del INAC, con 190 visitantes al día. Los otros 11 museos recibieron en promedio 11 visitas diarias.

Sin este tipo de datos, la toma de decisiones sobre nuestros museos y patrimonio histórico se basaría exclusivamente en nuestras propias experiencias desde la comodidad de nuestros libros de historia y arquitectura, y en las de un círculo muy limitado de colegas y aliados políticos

El Latinobarómetro confirma que para muchos panameños los carnavales y la gastronomía son lo más representativo de nuestra cultura y arte. Un estudio reciente comisionado por la Ciudad del Saber apunta que esta combinación de fiesta y comida se repite cada semana en alguna parte del país en los más de 70 festivales y ferias agropecuarios y folclóricos anuales. Ese mismo estudio indica que las canciones más tocadas en la radio y visitas a canales de música de YouTube pertenecen al género de música típica de la región de Azuero y al reguetón interpretado por panameños. Esta preferencia por las ferias y festivales donde se escucha y baila música del patio nos señala dónde está el área de acción de las políticas culturales a corto plazo. A pesar del valor intrínseco de composiciones de Mozart, del teatro de Molière y del performances de Mariana Abramovich, solo podemos actuar allí donde los ciudadanos están, no donde —por razones que deberíamos cuestionar constante y objetivamente— quisiéramos que estén.

De 2017 a 2019 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la administración pasada de la Alcaldía de Panamá invirtieron por primera vez en un programa de evaluación de eventos culturales y artísticos, incluyendo una encuesta de consumo y participación cultural a nivel de la ciudad de Panamá. Los 707 encuestados participaron en eventos culturales y artísticos organizados por la Alcaldía para conmemorar los 500 años de la fundación de la Ciudad de Panamá. Los resultados presentan percepciones de los encuestados sobre la oferta cultural y revelan un perfil demográfico de los participantes altamente revelador. El 73% de los 707 encuestados poseía un título universitario de licenciatura o posgrado. El 75% reportaron ocupaciones como directores, profesionales y cargos medios y técnicos. Los grupos con menos ingresos y menos estudios formales fueron los que más tendieron a expresar no poder asistir con la frecuencia deseada a eventos culturales debido a la falta de tiempo y transporte, a la tendencia a mostrar eventos culturales y artísticos en el centro de la ciudad de Panamá y no en la periferia, y por no tener información sobre el contenido y horarios de la oferta cultural citadina. La evaluación de los proyectos de participación ciudadana en los barrios periféricos confirma esta exclusión por razones geográficas y de estatus socioeconómico. En fin, los grupos de menos ingresos no son parte de la red social de consumo cultural y artístico capitalino. Sin este tipo de datos, podríamos seguir explicando que la baja participación cultural y artística se debe a la falta de «cultura» del panameño, invisiblizando que la infraestructura cultural y la programación artística es altamente centralizada y elitista.

Las estadísticas existen. Lo que hace falta es dejar de excluirlas en la mesa donde se toman las decisiones. Eso requiere que no castiguemos cada estudio y encuesta sobre el tema por incompletos, ya sea porque no se incluyó una pregunta que nos parecía fundamental, porque no me preguntaron a mí o porque el que comisionó el proyecto no es del partido político en el poder. Debemos aceptar que tendemos a preferir tomar decisiones basados en nuestros intereses y prejuicios. Es sabrosamente humano hacer todo lo posible para restarle crédito a la opinión y voz de, por ejemplo, 707 personas que no conocemos, que están diciendo algo que nos incomoda y que nos piden que cambiemos nuestras acciones.

Las estadísticas existen. Lo que hace falta es crear los incentivos para compartirlas usando las últimas plataformas de visualización de datos, actualizarlos constantemente y mejorar su alcance.

Las estadísticas existen. Lo que hace falta es voluntad para formular políticas públicas y decidir sobre presupuestos culturales informados por la evidencia y no por la inercia política.

¿Quién es Javier Stanziola?

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s