Honduras: cuando ni el cambio es la opción


Ingrid Ortez_ Casi literalHace unas semanas decidí salir de la zona donde viví durante más de diez años y mudarme a otro extremo de la ciudad. A lo largo de mi existencia me ha tocado tomar decisiones que modificaron por completo el rumbo de mis pasos. Muchos de esos cambios fueron casi un acto revolucionario para avanzar.

Según Heráclito, «lo único constante es el cambio». Y cambiar no es nada fácil a pesar de que la historia nos muestra cómo el mundo siglo tras siglo fue evolucionando y permitiéndose esos cambios, aunque algunas veces no hayan sido para mejor. Cambiar provoca irremediablemente muchas emociones antes, durante y después del proceso. Por ejemplo, hay incertidumbre y miedo al fracaso previo a la decisión de cambiar.

Desde el punto de vista neurobiológico el ser humano tiene la capacidad sorprendente de formar hábitos en su manera de pensar, sentir y actuar. Estos pueden ser hábitos negativos o positivos. El cerebro —experto en eficiencia— forma «caminos neurológicos predeterminados» para simplificar tareas. De ahí que hacer cambios sea tan difícil y nos provoque muchas sensaciones y resistencia, ya que, al hacerlos, estamos en contra de la habilidad cerebral de formar hábitos que den respuestas predeterminadas, aun cuando esos cambios puedan ser beneficiosos y darnos una mejor calidad de vida.

En Honduras, Heráclito se daría con la piedra en los dientes respecto a su frase sobre el cambio, pues aquí no es una constante. Nos hemos acostumbrado a lo mismo durante siglos. Desde que los dos partidos políticos se instalaron no se ha dado un cambio a través de toda nuestra historia, y los partidos pequeños o emergentes terminan siempre negociando con lo tradicional. Como hondureños seguimos los mismos patrones negativos; solo basta andar por unas horas en el tráfico para darse cuenta de que somos un pueblo que no cambia. Meternos en la fila, no respetar las leyes de tránsito y ser egoístas son solo una parte de esas malas costumbres que no logramos modificar. Y no importa el nivel universitario que usted tenga o en qué mansión viva, pues aprovecharse del otro es una cultura que se ha adoptado en todos los entornos.

En unas semanas, en Honduras entraremos a elecciones con los mismos. Los hondureños seguirán votando sin cambio alguno. Primero porque quienes manejan todo el engranaje del Estado han sido los de siempre por más de una década. Se han especializado en controlar y mantener ignorante al pueblo manipulando para su conveniencia todos los hilos necesarios. Por otro lado, históricamente, el hondureño nunca ha sabido cómo cambiar; acaso por la falta de educación, pero también por la indiferencia. Piensa que su voto igual no hará nada. De seguir en esa misma actitud de conformismo e ignorancia política respecto al rumbo que ha tomado el país, y con ese desinterés respecto a que «los mismos» son ladrones, corruptos y ex presidiarios, los hondureños seguirán dándole su voto al origen del mal. «Los mismos» seguirán robando, vendiendo al país y haciendo fraude, mientras que la gente seguirá abrazándose con el enemigo sin una mínima posibilidad de buscar un cambio, ni siquiera en sus propios comportamientos como ciudadanos comunes y silvestres.

Quizá en Honduras estemos condenados como país a seguir igual y no podamos ver más allá de lo que hemos tenido por años. Este mes se definirá quién sigue en el poder, o más bien qué monigote será elegido para hacernos creer que vendrán cambios. Pues detrás de él o ella seguirán siendo los mismos y esos cambios que estamos esperando desde hace décadas jamás llegarán. Cuando debimos ser nosotros quienes debieron provocar tales cambios, no nos atrevimos a hacerlo. Y en Honduras vendrán cuatro años más con los mismos hábitos y miserias, los mismos payasos en el gobierno haciéndole creer a un pueblo de costumbres que están cambiando.

Ver todas las publicaciones de Ingrid Ortez en (Casi) literal

¿Cuánto te gustó este artículo?

Califícalo.

5 / 5. 1


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

desplazarse a la parte superior