Consideraciones sobre cruces

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Eynard_ Perfil Casi literal

Viendo una película en donde bien podría decir que perdí dos horas de mi vida, rescaté esas dos horas tan costosas en este mundo a partir de una serie de escenas que en realidad no vale la pena describir sino mencionar, solamente, la esencia del rescate, lo intrínseco de esas dos horas que, al final de cuentas, parecen ser las no perdidas. Raro decir que algo perdido, viéndolo bien, termina siendo su contrario a pesar de lo que pudimos creer, mantener, defender, etcétera. Las dimensiones de ese momento se cruzan, y por lo tanto, se pierden en un instante que a mi parecer es muy extraño porque luego deja su remanente como algo que debe ser olvidado y que mejor si nunca pasó: miles de peleas que tuvimos alrededor del tiempo sobre miles de cosas más que precisamente creíamos con el fervor del mundo y hasta la muerte: “habrá que creer en Cristo, / en la paz o en Fidel”. Estos tres personajes, seres o situaciones son el mejor ejemplo del estado de lo que fuimos a lo que nos podemos convertir, digo, de lo que son para ya no ser, que es lo mismo, en este caso a decir del ser al no ser que muy bien podría estar dividido por un guion o no, qué importa cuando más tarde puede ser la prioridad primera sobre todas las cosas: la no importancia hacia la importancia.

Todo esto seguramente son puras bobadas porque ahora sí hablo a lo que vine: lo no perdido en dos horas que bien podría tomarse algo trillado por la gastadera que ha tenido el tema por los siglos de los siglos pero, insisto, viéndolo de cerca, las cosas bien que nos pueden llevar hacia otro lado, algunas veces sospechado y otras insospechable, la vida, quiérase o no y aunque no parezca, casi siempre es impredecible, las putas asesinas de Bolaño aquí tienen toda la razón. De lo que quiero hablar después de un párrafo y medio es sobre el cuestionamiento de la normalidad dentro de nuestra sociedad, dentro de nuestro mundo, nuestra ética y moral, nuestra religión o no religión también, etcétera, etcétera. Por esto se mencionó esta línea invisible y tantas veces infranqueable aunque nos cuesten vidas en guerras llenas de intolerancia racial, cultural, social. En nuestro imaginario como seres humanos, me pregunto yo, qué jodidos tenemos en nuestra cabeza cuando nuestra necedad, con razón o sin ella –ahí sí que no importa nada– es nuestro caballito de batalla, nuestra única defensa no importando que esa necedad, aunque nunca lo vayamos a creer en la vida, pueda cambiar en un par de días, semanas, meses, años. Podemos ser tan cambiables, como dice la canción, que no lo es Lilith, la mujer que por primera vez impuso su voluntad porque tenía el derecho de hacerlo, la no “voluble ni perversa”. El camino hacia una certeza y convicción realmente es inescrutable, que se vayan a joder los designios inescrutables de Dios, suficiente tenemos con millones de cabezas rondando los caminos, millones de convicciones y millones de líneas que están para cruzar o no cruzar dando vueltas a su alrededor. Bueno, de cruzar líneas creo que estamos hechos nosotros, digo, para andar en esta vida.

En fin, existe una continuidad sobre la normalidad que viene desde generaciones y generaciones desde el inicio de los inicios de tal sistema que nos conduce a entender las cosas como normales hasta que de pronto viene a alguien a intentar romper con tal continuidad hasta que finalmente es posible cruzar para de nuevo crear un mismo sistema en donde encontremos otro punto de apoyo para nuestro bienestar y, claro, comodidad. Y así y así y así suceden las cosas, he ahí, entre otras cosas, la importancia del eterno retorno.

¿Quién es Eynard Menéndez?

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