El nuevo Congreso Nacional de Honduras y el verdadero poder político


Óscar Estrada_ Casi literalEntre mis archivos inéditos hay un libro que explora las causas que provocaron el golpe de Estado de 2009 —analizado por los protagonistas de aquella lamentable saga— que escudriña las distintas crisis del gobierno de Manuel Zelaya Rosales que llevaron a su derrocamiento. Esta semana, su esposa, doña Xiomara Castro, que tan valientemente enfrentó la crisis de hace más de doce años, logra la presidencia de la República con inédito resultado: las elecciones más votadas de nuestra historia, la primera presidenta mujer de la República, el primer gobierno de izquierda y lo que los mismos dirigentes del partido Libre han calificado como el cierre de la crisis que inició, formalmente, aquel domingo 28 de junio de 2009.

Pero si algo me quedó claro analizando el gobierno del poder ciudadano es que los verdaderos engranajes del poder no están en el Ejecutivo. Tras los rascacielos de Tegucigalpa y San Pedro Sula se esconden los actores de la trama política que nos tiene a todos como personajes secundarios.

Explicar en dónde está el poder en la política hondureña requeriría un análisis mucho más profundo de lo que puedo lograr en este artículo, puedo decir que, en materia electoral, la presidencia del Ejecutivo resulta tener menos peso que el legislativo cuando de cambios sustanciales se trata. Ya vimos en 2009 que cuando esas fuerzas se enfrentan la balanza termina inclinándose por el legislativo, que representa al final a las distintas fuerzas políticas del país, las que se mueven a la luz y a las sombras.

Solo como ejemplo cabe recordar que es a este congreso hoy electo al que le tocará elegir el próximo año a la nueva Corte Suprema de Justicia, la nueva Fiscalía General de la República y el Tribunal Superior de Cuentas, así como ratificar los acuerdos necesarios para impulsar un nuevo capítulo de la MACCIH. La presidencia de la República tendrá mucho espacio de acción en lo social y diplomático, deberá proponer una nueva política económica de cara a la profunda crisis que afecta al país, pero el muro final —que garantiza que los que mueven el poder no pierdan sus privilegios— estará siempre en el legislativo. ¿Acaso no es ese el propósito de los pesos y contrapesos del sistema de gobierno republicano?

En estos momentos hay tras bambalinas una intensa negociación para definir quién controlará el nuevo parlamento hondureño. Los números no están definidos aún y hay varias proyecciones, pero todas indican que Libre apenas alcanzaría (con suerte) una mayoría simple, que lo hace incapaz de impulsar los cambios constitucionales que como partido han prometido y que su militancia espera.

Existe aún la posibilidad de que no logren siquiera esa mayoría, dejando la presidencia en manos, lo más seguro, del Partido Liberal: las mismas fuerzas que en 2009 actuaron para detener el proyecto de Manuel Zelaya Rosales. Ese es el escenario que la derecha busca: una victoria parcial al partido Libre.

Por otro lado, está el Partido Nacional, con un resultado muy inferior de lo que hubieran querido tener, pero suficiente para ser una fuerza imperante. Quien crea que el PN es una institución monolítica carente de grietas no ha prestado atención a la Historia. Las tensiones que desde 2010 comenzaron a manifestarse hicieron cada vez más profunda la división entre el heredero del cariísmo y el reformismo (Juan Orlando Hernández y Asfura). Desde el golpe de Estado la balanza se inclinó a favor del orlandismo, heredero directo de las fuerzas caristias, y parece ser la estructura ganadora luego de estas elecciones. Recordemos que la planilla del partido fue depurada en las internas, sacando del juego a todos los candidatos de reformismo.

Hace unos meses manifesté en un debate sobre que, al actual presidente, Juan Orlando Hernández, le convenía más perder las elecciones que ganarlas, una contradicción que se sabe necesaria a veces en la política. Con la derrota del candidato Asfura, Hernández mantiene el control de la institución política (y de sus 40 votos en el Congreso). ¿Cuánto podrán negociar esos 40 votos a cambio de la presidencia del legislativo?

Lo mismo podríamos decir del Partido Liberal, los veintitrés votos que parece obtener, según el último conteo, podrían dar la presidencia al partido Libre, pero ¿lo harán?

Conociendo la experiencia del golpe de Estado parece más probable que buscarían negociarla con Juan Orlando Hernández y servir de muro de contención. La presidencia del Congreso Nacional de la República podría terminar siendo para el Partido Liberal, si Juan Orlando Hernández así lo quiere, a cambio de… Usted diga.

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