Negar El Mozote (una columna casi experimental)_ Foto de Susan Meiselas

Negar El Mozote (una columna casi experimental)


Por RICARDO COREA | DEL TERCERMUNDO

Los caseríos El Mozote, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo; los cantones La Joya y Cerro Pando; y la cueva del cerro Ortiz pusieron los muertos; el ejército salvadoreño puso a los verdugos y Estados Unidos las balas.

Sí hubo masacre en El Mozote. No es la versión de la izquierda, es la versión de la ciencia.

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Ricardo Corea_ Perfil Casi literalEsta columna bien podría ser experimental y contener apenas seis palabras, en negrita, para dotarla de mayor dramatismo: Sí hubo masacre en El Mozote. Punto final. No hay nada más que discutir al respecto.

En adelante, se pueden hacer las lecturas que se quieran o justificar lo que uno quiera justificar, de acuerdo con su propio esquema ideológico. Podríamos decir, por ejemplo, que la guerrilla utilizó niños de 2 meses de vida para sus fechorías. Pero negarlo es mentir: sí hubo masacre en El Mozote. No es la versión de la izquierda, es la versión de la ciencia.

Tampoco es la versión que quisiéramos. No es una historia que desearíamos reivindicar como propia: «Porque la masacre de El Mozote puede verse como una cifra de mil muertos y explicar el impacto social y político que ha tenido, pero también puede contarse como una sola muerte», escribió Darío Jovel en esta misma revista.

Pero este renacer de los negacionistas de El Mozote surgió gracias a la más reciente película de Netflix, una adaptación de la novela de Joan Didion llamada The last thing he wanted. Una película bastante sosa con una construcción de la tensión pobre, sin una línea discursiva coherente y que intentó contar tanto que al final no dijo nada. En un principio parece que intenta decirnos cómo la Guerra Fría y las políticas de Estados Unidos de cara a Centroamérica terminan hundiendo todavía más a la región en un conflicto ya de por sí sangriento en exceso, pero no. «Dee» Rees no logra contener una historia sólida y termina desvariando entre los conflictos del padre de la protagonista y la región a la que intenta retratar sin éxito.

Son los primeros minutos los que determinaron este reciente brote de estupidez histórica, retratando a El Salvador de la década de 1980 con su cara más bestial: El norte del departamento de Morazán en 1982. Unos días antes, a finales de 1981, el ejército salvadoreño perpetró una de las masacres más atroces de cuantas hubo en América Latina. Los caseríos El Mozote, Ranchería, Los Toriles, Jocote Amarillo; los cantones La Joya y Cerro Pando; y la cueva del cerro Ortiz pusieron los muertos; el ejército salvadoreño puso a los verdugos y Estados Unidos las balas que tenían la inscripción «LC» en la base: Lake City, Missouri, donde se encuentra la principal fábrica proveedora del gobierno estadounidense.

El Estado salvadoreño fue cómplice durante y después de la masacre y cada día es más difícil para los involucrados negar este crimen de lesa humanidad. Intentar tapar ese pasado atroz no sanará ninguna herida; entender qué pasó, quiénes tomaron esa decisión y escribirlo en piedra en nuestra memoria como sociedad, sí lo hará.

Estas casi quinientas palabras me las pude ahorrar en seis: Sí hubo masacre en El Mozote. Esta no es la versión de la izquierda, sino la versión de la ciencia. Ojalá dentro de poco sea la versión de nuestra justicia y memoria.

[Foto de portada: Susan Meiselas]

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