40 años de memoria fotográfica en CIRMA


Gabriela Grajeda Arévalo_ perfil Casi literalLlegué a La nueva fábrica de la mano del equipo de Antigua Viva, quienes, a su vez, trabajan arduamente por el arte y la cultura de la Antigua Guatemala. Debo expresar que quedé impresionada con la belleza del lugar, la estructura minimalista y los pasillos blancos e iluminados que construyeron dentro de una vieja fábrica de textiles artesanales. Dicha fábrica es un centro que da espacio al arte de La Antigua. Por ello, todo lo que se encuentra dentro del lugar tiene esa mezcla de arte autóctono y diseño contemporáneo que solo invita a la contemplación de lo nuestro como guatemaltecos.

Es dentro de los muros de dicho centro que se exponen hoy los 40 años de memoria fotográfica de CIRMA. De esta forma, Fractálisis, como se llama la exposición, «se basa en el trabajo individual de fotógrafos y es una ventana a distintas realidades pasadas y presentes contadas de una forma visual».

Lo primero que te recibe es una gigantografía de un niño repartiendo el diario El imparcial. Uno se queda absorto contemplando la belleza de dicha fotografía como si estuviera viajando en el tiempo a otro sitio. El tiempo deja de existir dentro de esos muros y da paso a cientos de ventanas de otras realidades, otras épocas y otra historia. Uno se siente parte de un momento que no vivió pero que abraza porque conforma su esencia.

La exposición, dividida a su vez en seis secciones, tiene una dedicada al fotoperiodismo que hace énfasis en el valor «artístico e informativo que este estilo ofrece». Es en dicha sección te absorbe el tiempo y el espacio porque fotografías como la de Manuel Estrada Cabrera preso mientras yace con la mirada perdida en un impoluto dormitorio, te hacen reflexionar, indudablemente, sobre el presente. ¿Qué han hecho con nuestro país desde entonces? ¿No es acaso un cuadro recurrente?

También están las fotografías recientes sobre el drama de los migrantes en las que colores de sus vestimentas en contraste con el azul del cielo solo resaltan el drama de sus rostros, la desgracia de sus renuncias y la esperanza que, como bien dice Cortázar, «le pertenece a la vida».

El recorrido de CIRMA te lleva a fotografías de un valor estético indecible, como las del fotógrafo japonés Masahiro Umoto, quien encontró en Guatemala el paraíso del contraste y la simetría; o las admirables fotografías de la guatemalteca María Cristina Orive.

Sin embargo, Anaís García, directora de La Fototeca, menciona que en la actualidad son pocos los fotógrafos que quieren donar su trabajo y por ello no cuentan con suficientes fotografías de hechos históricos recientes, como la Guatemala del año 2015 que aun no tiene un lugar en La Fototeca de CIRMA.

Es por ello que también quisiera hacer una invitación a fotógrafos y coleccionistas a acercarse y donar fotografías que tengan relevancia histórica y artística. Qué mejor manera de pasar a la posteridad que dejando una huella como parte de la memoria de un país como el nuestro y que de esa manera las futuras generaciones puedan apreciar su historia y aprender de ella.

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