La solución será negociada o no será


Rodrigo Vidaurre_ Casi literalHay muchas razones válidas para criticar al Estado de Israel. Desde los asentamientos ilegales al Este de Jerusalén hasta el uso desmedido de la fuerza contra poblaciones civiles, incluyendo niños. No es exagerado decir que la ocupación de facto de Cisjordania mantiene a la población árabe en un estado de apartheid incompatible con nuestros valores modernos. Si hay ira e indignación dentro y fuera de Palestina es porque esto constituye un verdadero escándalo moral.

Pero no hay que confundir la claridad ética con la simplicidad política, pues el conflicto palestino-israelí es probablemente el más complejo del mundo. Las narrativas esencialistas y la incapacidad de aceptar matices nos haría creer que estamos ante una lucha transhistórica irresoluble (judeocristianos contra musulmanes, blancos contra gente de color, ricos contra pobres, etcétera); una lucha que comienza anunciando pública y agresivamente nuestra lealtad a uno de los dos bandos y termina solo con la subyugación absoluta del bando contrario.

Si caemos en esas narrativas podríamos ignorar (u olvidar) que hubo un tiempo en el cual palestinos e israelíes, apoyados por la comunidad internacional, se sentaban a negociar una solución bilateral. La solución de dos Estados, en la cual árabes y judíos tendrían cada quién un Estado soberano e independiente, ha sido desde 1937 el horizonte por excelencia para una salida al conflicto; uno que reconoce el derecho incondicional de ambos pueblos a vivir en esa región. Como alternativa se ha evaluado la creación de un Estado secular y binacional en el cual árabes y judíos convivan en igualdad.

De nuevo, no hay que confundir los matices con la neutralidad o la imparcialidad. Es acertado decir que el fracaso de estas propuestas ha sido en su mayor parte culpa de Israel. Desde la década de1970 el liderazgo político palestino se ha mostrado dispuesto a reconocer el derecho de Israel de existir a cambio de la creación de un Estado palestino soberano. Es Israel quien se ha negado a aceptar las fronteras legítimas previas a 1967, retirar todas sus tropas de Cisjordania y garantizar el derecho de la diáspora palestina a regresar a su tierra.

Valiéndose de su superioridad militar y económica Israel parece estar buscando una salida unilateral. La solución de dos Estados no solo ha decrecido en popularidad entre israelíes y palestinos, sino que cada vez se ve menos realizable en la práctica debido a la negativa de Israel de reubicar sus asentamientos ilegales. Esto ha llevado a un creciente interés en la solución de un Estado, en la cual Israel anexaría definitivamente Cisjordania y Gaza y los palestinos se volverían ciudadanos automáticamente. Sin embargo, es fácil entender la negativa palestina ante esta solución, dado que, al ser Israel prácticamente un etno-estado judío, los palestinos vivirían en la práctica como ciudadanos de segunda.

No existe una salida unilateral al conflicto palestino-israelí. Los palestinos no pueden derrotar militarmente a Israel, menos con Egipto, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos buscando regularizar sus relaciones con el Estado judío. Por su lado, Israel puede pensar que no tiene necesidad de negociar, pero la historia enseña que donde exista una minoría sin voz, representación y libertad, existirá la inestabilidad política. En Irlanda del Norte como en Sri Lanka el terrorismo ha sido la respuesta histórica de los desposeídos contra quienes los oprimen y, mientras la población palestina no consiga su autonomía, Hamás (o quien le siga) seguirá encontrando justificaciones para la violencia y militantes dispuestos a ejecutarla.

Los salvadoreños aprendemos desde pequeños que la paz se consigue con acuerdos, que las concesiones son más importantes que la pureza ideológica y que el compromiso no es sinónimo de tibieza. Es indudable que las palabras y acciones del liderazgo israelí hayan erosionado la fe de los palestinos en un diálogo, pero ¿qué tan productivo, ético y realista es el discurso de Hamás y de la Hermandad Musulmana que niega a Israel su derecho a existir? ¿Sirve de algo a las familias palestinas que sufren la violencia o simplemente da herramientas retóricas al sionismo recalcitrante?

Ahora que vivimos en un mundo cada vez más multipolar la comunidad internacional debe retomar un rol activo en promover un acuerdo bilateral y responsabilizar firmemente a Israel de cumplirlo.

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