My Special Day


Alfonso Guido_ Perfil Casi literalPor ALFONSO GUIDO |

Mañana 23 de junio es el día del padre en Nicaragua (aquí en Guatemala fue el 17). Como es costumbre cada año —e indistintamente el 17 o el 23, dependiendo cuál día resulta más oportuno para nuestros horarios— mi hija pequeña, instruida por su madre, me pregunta qué quiero hacer en lo que ella misma llama Your Special Day (así, en inglés).

—Lo que vos querrás, mi amor —le respondo.

—¿Estás seguro, papi? ¿Y si lo que yo quiero es que peinemos a mis muñecas hasta que todas se duerman? —me advierte.

Entonces le respondo que cualquier cosa menos eso y ella se mata de la risa, pues el cuento de «celebrarlo» peinando a sus muñecas pasó de verdad: no recuerdo si ocurrió en 2013 o 2014 cuando me pidió que lo hiciésemos de esa forma.

—¿Ahora sí ya se durmieron, mi amor?

—¡Shhh, no papi, todavía no! No hables duro porque no ayudas a que se duerman.

Pero primero me quedé dormido yo, literalmente, antes de lograr que se durmiesen Amanda, Cristina y Lisette, sus Barbies de toda la vida. Desde entonces ella se burla de mí cada vez que evoca aquel día, recordando cómo me quedé roncando con su muñeca y el peinecito en las manos. Ahora me suele recordar el episodio cada vez que le propongo hacer lo que ella quiera y no me queda otra que proponerle cualquier otra cosa porque Lisette es muy difícil de dormir.

Así que este año lo celebramos el 17 de junio, aprovechando que cayó en día sábado. La situación fue la misma que todos los años anteriores: después de entregarme una tarjeta garabateada que decía «Para Alfonso Guido Duarte, el papá más grandote y hermoso del mundo. Te amo mucho papá», ella me preguntó qué quería hacer en My Special Day, yo le respondí que lo celebrásemos como ella quisiera pero menos peinando a sus muñecas y ella se mostró de acuerdo. Sin embargo, cuando pensé que al igual que en años anteriores me iba a pedir que fuésemos a Chuck e Cheese’s o a casa de cualquiera de sus abuelas, esta vez me propuso algo distinto:

—Celebremos Your Special Day saliendo en bici, papi.

Esto me extrañó ya que es una actividad que solemos hacer con mucha frecuencia, casi todos los fines de semana —o mejor dicho, que ella hace con su madre; pues yo solo las veo desde cierta distancia—. Vivimos en la Zona 2 de la ciudad de Guatemala, al final de la avenida Simeón Cañas, misma que la alcaldía cierra los domingos para que los vecinos puedan salir a andar en bicicleta, sacar a pasear a sus perros o simplemente caminar con sus familias. Una actividad que aquí llaman, si no estoy mal, «Pasos y pedales», y que también ponen en práctica en otros sectores de la ciudad.

—¿Eso querés hacer este año? Pero yo no tengo bicicleta, amorcita —objeté—; ¿cómo vamos a celebrar My Special Day en bicicleta si yo no tengo bici?

—Vamos a comprarte una —propuso.

—No tenemos dinero para comprarla, mi amor —le dije.

—Eso te pasa por comprar muchos libros —me regañó—. De castigo vas a tener que pasar Your Special Day sentado en la banca con tu libro feo para mientras que mi mami y yo andamos en bici.

No objeté, desde luego: desde que les enseñé a andar en bici —a ella y a su madre, pues a esta, al igual que a mí, nunca le hizo falta una bicicleta cuando fue chavala, por lo que tuvo que aprender junto con nuestra hija cuando nos mudamos a esta casa—, verlas en la avenida desde lejos, solitario desde la banca de la esquina a la que mi hija siempre me relega por tener libros en vez de una bicicleta, se ha convertido en el placer más grande e inexplicable que me ha regalado la vida a mis casi 30 años de edad. Y por fortuna esto es algo que sucede, no solo en My Special Day, sino casi todos los domingos a partir de mediodía. Parte del «castigo» impuesto por mi hija consiste, precisamente, en quedarme en la banca leyendo un libro, y esta vez no fue la excepción. Yo, sin embargo, siempre finjo hacerlo mientras las veo a ellas pedalear.

A diferencia de otras veces, esta vez sucedió algo fuera de lo común: mi hija, que nunca —ni por cerca— se ha llegado a interesar en alguno de los libros de mi estantería, llegó hasta donde yo me encontraba y me preguntó:

—¿Y ahora qué estás leyendo, papi?

Estoy seguro que ella notó la sorpresa en mi cara.

La conjura de los necios, mi amorcita.

—Y que es concura.

—Conjura, mi amor. Se dice conjura.

—Esa cosa. ¿Qué es?

—Es una promesa o juramento que se hace, por ejemplo, entre dos o más personas.

—Ah ya —me respondió, aburrida, sin darle más vueltas al asunto. Obviamente no había entendido nada.

—¿Y no me vas a preguntar ahora qué es un necio?

—No porque ya sé qué es eso.

—¿Ajá? Contame, ¿qué es un necio?

—Un necio eres tú, papi.

—¿Yo soy un necio?

—Yo no sé. Eso lo dijo mi mami porque ni en Your Special Day dejas de leer tus libros feos.

En eso su madre se acercó a nosotros y «Alfonso, vamos con la niña por un cono a Sarita», propuso; y yo «se dice a por un cono», pensé, pero no le dije nada y solo asentí con la cabeza al mismo tiempo que se me olvidaba su nombre y también el de nuestra hija —pues ya no recuerdo si la niña se llama Azucena, Laura o Graciela—; aunque a decir verdad, a veces ni siquiera sé si es una niña; talvez sea un varón que se llama, no sé, Tiago, Marcos o Joaquín; no lo recuerdo ahora. Muy a menudo sucede que todo esto se me olvida por completo, como si nunca lo hubiese vivido de verdad, y entonces pareciera que en My Special Day una vez más no pasara nada.

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2 Respuestas a "My Special Day"

  1. Alfonso, si lo que buscabas era provocar dolor, te aseguro que, al menos para mí, lo has hecho.

  2. Avatar Luis Amílcar Escobar Ramírez dice:

    Esto es lo peor que has escrito en tu vida.

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