60 años del primer largometraje nicaragüense de ficción: El nandaimeño

Por KARLY GAITÁN MORALES | LA VENTANA DISCRETA

A pesar de que Benjamín Zapata solicitó apoyo económico durante meses a 26 empresas y al canal nacional de televisión, nadie hizo caso a su proyecto, así que sin ningún fondo y nada más que con un préstamo que solicitó a título personal se comenzó el rodaje.

¿Qué habría hecho Rubén Darío con el calor de mayo josefino?

Por ELIZABETH JIMÉNEZ NÚÑEZ | CUANDO LAS PALABRAS SE PONEN DE PIE

“Los representantes en los puestos de poder utilizan el Teatro Nacional de Costa Rica solo para ciertos ‘figurones’. ¿Y el resto? Pues que se apañe en el horno de la antigua aduana en pleno infierno de mayo”.

Diez años de la película nicaragüense La Yuma

Por KARLY GAITÁN MORALES | LA VENTANA DISCRETA

Este largometraje ha sido aceptado, aplaudido y comprendido. La cinematografía nacional inauguró un punto de partida hacia un nuevo tiempo y un nuevo cine nicaragüense en temáticas, estilo, corrientes artísticas y comerciales.

El país de la eterna somnolencia

Por LEO DE SOULAS | LA HECATOMBE

“La captura y el reclamo de candidatos fraudulentos en el extranjero solo confirma que este país es un narco Estado; mientras tanto se le permite la candidatura a la hija de un genocida y a un traficante de niños que se hace pasar por «humanista»; todo eso entre otro montón de la misma basura política que se recicla en Guatemala”.

Alrededor del vértigo de las Nicaraguas

Por CARLOS M-CASTRO | BIBLIOMANCIAS

Si un mérito puede señalarse en este libro, es la introducción de la noción de «vértigo», entendida como la incapacidad del observador de comprender si los eventos a su alrededor están efectivamente ocurriendo y si constituyen un verdadero movimiento.

A la defensa del cine amateur nicaragüense: Los gallos no lloran

Por KARLY GAITÁN MORALES | LA VENTANA DISCRETA

En esta película nadie es culpable (incluso los antagonistas son víctimas), y se dignifica la imagen de los jóvenes de los barrios marginados que no solo podrían ser desocupados, como la sociedad piensa y los califica, sino que son capaces de dar la vida por buenas causas.