40 años del documental La ofensiva final


Por KARLY GAITÁN MORALES | LA VENTANA DISCRETA

Hoy, 40 años después, Nicaragua vive una crisis que rememora los hechos de este emblemático documental que se posicionó como uno de los más importantes de la historia del cine en el país.


No hay comentarios

Una de las expresiones más famosas de Nelson Mandela se centra en que ninguna condena, máxima o sentencia es definitiva en la vida, sino que el cambio es constante y mientras más brusco este sea, resulta más saludable para el universo. Sin embargo, algunos pueblos sufren la condena de repetir su historia y es ahí donde la sentencia cobra sentido para un país como la Nicaragua de hoy.

La ofensiva final (México, 1979), documental de 86 minutos, es una muestra de ello porque es un sorprendente registro de la última fase de la insurrección popular nicaragüense a fines de los años de 1970 en la lucha para derrocar al régimen somocista, a la que se le llamó tal como es el título del filme, que inició el 22 de abril de 1979 y concluyó con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista el 19 de julio de 1979.

Para lograr la obra maestra que llegó a ser esta película fue necesario realizar 500 horas de filmación en video y el trabajo de un equipo de 52 personas, entre ellos sonidistas, camarógrafos, editores y periodistas. La película recibió en 1981 el Premio Nacional de Periodismo e Información, otorgado por el gobierno mexicano, y fue entregado de manos del presidente José López Portillo. Hoy, 40 años después, Nicaragua vive una crisis que rememora los hechos de este emblemático documental que se posicionó como uno de los más importantes de la historia del cine en el país; un filme digno de volver a verse estos días como un acto de memoria.

El filme inicia con la presentación del presidente Anastasio Somoza Debayle, y de él se dice que tenía 53 años, su ocupación era dictador y su misión, “exterminar a un pueblo”. Los dos periodistas mexicanos, Edgard Hernández y Pedro Talavera, autores y quienes narran y hacen las presentaciones en pantalla, lo fragmentan por fechas y aclaran en diversas ocasiones que los hechos que se suceden en la pantalla fueron los últimos esfuerzos y entrega desmedida del pueblo nicaragüense para derrocar a Somoza.

La primera ubicación es el 28 de mayo, cuando hacen un recuento de lo sucedido en los últimos meses a partir del asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro, ocurrido el 10 de enero de 1978; el paro nacional que inició el 12 de septiembre de 1978 y la toma de veintidós ciudades por parte de los guerrilleros sandinistas. Hay imágenes de bombardeos sobre barrios y se habla de un saldo de seis mil muertos hasta esa fecha. El 29 de mayo Somoza anuncia que se prepara para la ofensiva con quince mil soldados. Los periodistas refieren que el dictador declaró en una conferencia de prensa que quería “acabar con los comunistas”.

Según otras de sus filmaciones, como una realizada en El Naranjo el 29 de mayo, se puede ver que en las trincheras del Frente Sur se hablaba de una cuenta regresiva y los guerrilleros estaban armados con rockets, bombas, metralletas y fusiles AK.

En Managua, el 4 de junio los cineastas van por las calles con sus cámaras y se ven las barricadas por todas partes. Calles desoladas, la ciudad paralizada por la huelga general. Entrevistan a niños y adolescentes que están custodiando sus barrios y decididos a morir por defender al pueblo. «¿No te da miedo que te maten?», pregunta el reportero. «Patria libre o morir dice la consigna», responde el niño, con arma en manos. El reportero dice que se observa que son niños sin preparación que se han armado en los barrios para defender a sus madres y hermanos menores.

Entre muchas imágenes de gran impacto —cada segundo del documental registra un valioso acontecimiento histórico de importancia— filman bombardeos sobre los barrios populares de Managua: los ciudadanos construyendo barricadas, las protestas, combates, muertos y cuerpos con señales de tortura. Sus cámaras estaban siendo testigos del horror que se vivía en Nicaragua.

No dejan de pasar por la pantalla los refugiados, porque la película no solo fue filmada en Nicaragua, sino también en el exterior. Los cineastas viajaron en un avión de emergencia a Costa Rica, adonde decenas de familias huían, y filman una enorme manifestación que realizaron los nicaragüenses exiliados en San José, en protesta contra el régimen de Anastasio Somoza Debayle. En Managua, además de la gran desolación, se encontraban cuerpos destrozados; no había agua, energía eléctrica ni alimentos, y las familias se refugiaban en las estaciones de bomberos, amparadas por las banderas de la Cruz Roja Internacional.

El número del desastre que se cuenta era de 75 mil refugiados que se encontraban en los diferentes puestos de la Cruz Roja en toda Nicaragua. Hacinamiento, desabastecimiento, familias que tenían meses sin bañarse ni beber agua, niños desnutridos y mujeres en estado de parto en hospitales campaña, sin ninguna norma de higiene. Entre otras cosas, filman saqueos del pueblo a las pocas empresas que quedaban, iban desesperados en busca de granos básicos. La película logra transmitir, con excelencia en su lenguaje narrativo y su cinematografía, aquellos tiempos sórdidos y resulta impactante para el espectador.

En algunas ciudades, los guerrilleros tomaban poco a poco los comandos de la Guardia Nacional y uno de los periodistas explica que no podían continuar filmando porque el hedor de los muertos tirados en las calles era insoportable.

Finalmente en la sede de las Naciones Unidas, en Washington, el 20 de junio hubo una reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) y, aunque todas las naciones rechazaban a Somoza, este organismo tomó la decisión de no intervenir en Nicaragua, pero denunciaban la violación de derechos humanos en este país. El pueblo de Nicaragua, organizado desde los barrios, ya había demostrado su decisión final y estaban derribando aviones, tomando tanques y comandos. La Aviación de Nicaragua anunció que tenía tres mil hombres listos para bombardear y limpiar el país de “comunistas”, como se llamaba a los guerrilleros sandinistas. En una sola operación limpieza que hizo la Guardia Nacional en esos días murieron siete mil personas. Así era de grave la situación.

Los cineastas van a las trincheras, las barricadas, los barrios, los hospitales, y conversan con los heridos y sobrevivientes. Hasta el 10 de junio se contabilizaban 40 mil muertos, había 500 mil refugiados y destrucción de casi todas las ciudades. El 17 de julio se dio la renuncia y huida de Somoza. Había ya 140 mil nicaragüenses muertos y “miles de heridos”. Somoza se había ido. Francisco Urcuyo Maleaño salía proclamado presidente y anunciaba que iba a gobernar hasta 1981 e instaba a deponer las armas. Entonces el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se dispone a tomarse Managua y de lograr finalmente el triunfo para sí y para el pueblo de Nicaragua.

En Managua el 20 de julio se reúne el pueblo nicaragüense en la Plaza de la República —desde ese momento llamada Plaza de la Revolución—para celebrar. Los periodistas hacen una grabación en vivo por teléfono. Estas fueron las palabras históricas del periodista Edgard Hernández para los últimos minutos de La ofensiva final, frases que le han dado la vuelta al mundo:

«Aquí Nicaragua libre, 20 de julio de 1979. La libertad tuvo hoy un nuevo significado, dio la mano a la democracia ante el júbilo desbordante de un pueblo que sepultó a una dinastía de 42 años, seis meses y seis días. Hoy, hoy no hubo tiempo para recordar el pasado que apenas terminó hace unas horas, cuando los últimos reductos de las fuerzas somocistas se empeñaban en mantenerse de la nada. Hoy fue el despertar de una larga pesadilla. Treinta mil muertos en siete semanas, 500 mil damnificados, 150 mil refugiados en Honduras, Costa Rica y Miami; un país en bancarrota con una deuda de 100 millones de dólares y el terror, la muerte y la destrucción de un genocidio que duró 53 días en su etapa de agonía».

El ruido del ambiente de la celebración logra ser emocionante. Los guerrilleros disparan sus armas al aire como celebración y triunfo. Muy pocas filmaciones de ese acontecimiento alcanzan repuntes tan estremecedores como los de esta, que son tan impactantes como todo el documental.

Que vibren hoy las energías y las fuerzas de paz para que la crónica de estas magistrales filmaciones cinematográficas nunca más vuelva a repetirse en Nicaragua.

¿Quién es Karly Gaitán Morales?

 


Deja un comentario